“Ora como si todo dependiera de Dios. Trabaja como si todo dependiera de ti”.
Por. José Álvaro Cardozo Salas.
Estarán conmigo de acuerdo que venimos a este mundo con un propósito y de alguna forma estamos pre destinados al servicio de los demás, pero hay que entenderlo, asimilarlo, digerirlo y después de procesado; aplicarlo. Desde muy joven casi niño, los educadores de nuestra época se preocupaban mucho por despertar en las juventudes el espíritu de la misión, en mi caso recién terminado el Concilio Vaticano II en Roma genero un nuevo despertar en la iglesia y digámoslo que, en el mundo, era un renacer maravilloso a los dones que Dios da a su iglesia como esposa y madre de todos nosotros.
La historia de un siglo que terminaba con dos guerras mundiales, conflictos de toda índole y una atropellada tecnología se abría paso a codazo limpio, abriendo mentes expectativas, facilismo que hasta la fecha no ha dejado de sorprendernos, pero ¿donde quedo aquel espíritu de misión? Ese que forjaron los grande santos de la iglesia, pareciera que se ha desvanecido y ha cedido su carisma a la dura realidad de los cambios desmedidos, sin siquiera analizar lo que estamos viviendo. Hace poco le preguntaba a mi amigo Paul Morgan, si los tiempos pasados fueron mejores o los de ahora, su respuesta algo perversa fue, “los de ahora pero joven”, y es que quisiéramos detener el tiempo cuando somos felices, de lo contrario que se acabe rapidito el suplicio.
La gran pregunta que debemos hacernos es ¿para que viene a este mundo? ¿Cual es mi propósito? ¿Mi misión? Y déjeme decirle que esa respuesta solo la tiene usted, ese propósito de vida Dios lo pone en nosotros al nacer o un poco antes, cuando pensó en nosotros desde la eternidad, con todo su amor misericordioso, pero que con el pasar de los años hay que ir descubriendo, y plasmarlo en un plan, plan que debe ser sometido a su divina voluntad, que diciente es todo esto, pero cuan difícil es aterrizarlo, ponerlo en blanco y negro, por que va pegado, a lo que los místicos llaman la divina voluntad y esa divina voluntad no nos pertenece, es de aquel que nos creo, nos dio la vida, nos hizo para ser felices, y para ser realistas mientras no descubramos la misión o el propósito de nuestra existencia, vamos andar por el mundo errados, acompañados de una gran soberbia y eso nos va alejando mucho mas del objetivo final, que no es mas que el cielo.
Hace poco fui a predicar a un Emaús de una parroquia en Bogotá, en casa de las Salesianas un monja de avanzada edad abrió la puerta y me invito a seguir, entablamos una conversación muy agradable, le pregunte por las vocaciones de su comunidad, me dijo que habían bajado drásticamente en los últimos 10 años, que habían muy pocas postulantes o novicias, y me dio una razón tan contundente y cierta que estoy completamente de acuerdo, me dijo: es que no hay familias, el diablo se encargo de acabarlas, y es allí donde se gestan las vocaciones, al servicio, a los pobres, a las distintas profesiones u oficios de la humanidad, y esta monjita en el ocaso de su vida, digámoslo que con la misión casi cumplida, encontró en esta frase toda la realidad de nuestra existencia, NO HAY FAMILIAS y las que sobreviven mantienen permanentemente atacadas por e enemigo para dividirlas y confundir los legados de amor y tolerancia que allí se gestan, con un gravamen mas delicado, las nuevas generaciones no quieren tener hijos, no quieren descendencia, no le creen a Dios, ni a la providencia divina, y entonces me pregunto ¿que ocurrió en todo esto? ¿Que nos esta pasando? Donde se metió el sueño de hacer familias, de criar hijos en la fe, la esperanza, y la respuesta muy seguramente la tienen frente a sus ojos, simplemente dejamos de creer en Dios, cambiamos nuestro estilo de vida para “disfrutar” la misma vida en un egoísmo tan grande como nuestro orgullo, que no nos deja ver lo bello de la creación, lo majestuoso que es Dios al apostar por nosotros y somos nosotros los que no estamos a la altura de este reto, de esta misión de ser su hijos, y pensar que de sus mano lo hemos tenido todo.
Misionar mis amigos es el camino que Dios a trazado para nosotros, ver los rostros de las personar que buscan incesantemente la verdad y la justicia, quizás no merezcamos tanto, pero él que nos amo primero siempre estará allí esperando, aunque sea una mirada, una tierna mirada. Misionar es ver realizado no solo mi sueño, también él que ofrendo su vida por ti y por mi, aun estamos a tiempo, como lo recita san Agustín; “Ora como si todo dependiera de Dios. Trabaja como si todo dependiera de ti”. O “Nos hiciste señor, para ti y nuestro corazón esta inquieto hasta que descanse en ti”. Y ahora una pregunta para ti; ¿Cual es tu misión?