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Lo que más te preocupa no es tu verdadero problema

Jesús reveló la única ansiedad que debería inquietar al ser humano

¿Qué te angustia o te roba la paz en este nuevo año?

Comienza un año nuevo y, con él, una lista de propósitos, metas y expectativas. Sin embargo, detrás de muchos planes hay corazones cargados de ansiedad, afán y preocupación. La incertidumbre económica, los problemas familiares, la salud, el futuro o el sentido mismo de la vida producen angustia en miles de personas.

Frente a esta realidad, Dios dirige un mensaje claro:

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).

¿Qué quiso decir Jesús?

En el contexto de este pasaje, Jesús habla directamente sobre el afán y la ansiedad que dominan el corazón humano: la preocupación por el sustento, el mañana y las necesidades básicas. Él aclara que estas cosas no son desconocidas para Dios, pues “vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas” (Mateo 6:32).

Sin embargo, Dios no quiere que vivamos enfocados solo en tratar de resolver, por nuestras propias fuerzas, todo aquello que nos angustia. El problema no es trabajar o planear, sino vivir gobernados por el afán.

Ante la ansiedad que habita en nuestro corazón, Jesús nos da una prioridad clara:
 buscar primeramente el reino de Dios y su justicia.

¿Qué significa?

Cuando Jesús habla de “su justicia”, no se refiere a una justicia humana ni a buenas obras. Se refiere a la justicia de Cristo.

La Escritura enseña que todos, a causa del pecado, hemos quebrantado la ley santa de Dios. Somos injustos, culpables y, por naturaleza, enemigos de Dios. No merecemos el cielo ni podemos justificarnos por nuestros propios méritos.

Cristo, en cambio, vivió sin pecado y cumplió perfectamente la ley. Por eso, Él es justo delante del Padre. Y mediante la fe, nosotros somos revestidos de Cristo:

“Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gálatas 3:27).

Cuando Dios nos mira, no ve nuestra culpa, sino la justicia perfecta de su Hijo. Esa es la justicia que debemos buscar con ahínco, porque solo ella nos da acceso al reino de Dios. Sin esa justicia, nadie puede ser salvo.

El problema más grande del ser humano

La condenación eterna del alma a causa del pecado es el problema más grave que enfrenta el ser humano. Esa debería ser nuestra mayor preocupación.
 Nuestros conflictos diarios, por grandes que parezcan, son temporales y pertenecen únicamente a este mundo. No tienen trascendencia eterna.

Pero la salvación o la condenación del alma trasciende esta vida y tiene consecuencias eternas. Ese es el problema más profundo y real de todos los hijos de Adán.

Por eso, aun en medio de dificultades, incertidumbre y conflictos, el enfoque de nuestra vida debe ser claro: buscar el reino de Dios y la justicia que Cristo nos da por la fe y todo lo demás vendrá por añadidura.

Dios conoce las angustias de nuestro corazón. Y cuando dejamos de vivir dominados por el afán y nos dedicamos a buscar el reino de  Dios, el Padre se encarga de resolver aquello que hoy nos preocupa.


 La verdadera paz no se encuentra resolviendo todos nuestros problemas, sino siendo reconciliados con Dios por medio de Jesucristo.

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