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La cuaresma: “El camino de la cruz”.

“La cuaresma entonces es un entrenamiento del corazón, el ayuno nos enseña a renunciar, la oración nos enseña a confiar”.

Por. José Álvaro Cardozo Salas.

Al empezar el tiempo de cuaresma se nos traza una ruta, “El camino de la cruz”,Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz cada día y sígame” (Mateo 16, 24). El camino de la cruz es el camino a seguir, pongamos la mirada en el crucificado, en el hijo del hombre que tuvo que padecer mucho, ser rechazado, odiado, perseguido, sacrificado llevado a la cruz, morir y luego resucitar al 3 día, este camino es paradójico, es un camino de vida a través de la muerte, cuando el mundo nos dice defiéndete, no te dejes, siempre debes ganar, no pierdas, sálvate a ti mismo, toma ventaja sobre los otros, Jesús nos cambia el discurso, nos dice entrégate, sirve, ama, perdona, piérdete por amor, y nos cuestiona, “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? Cuantas veces tenemos poder, dinero, reconocimiento, y por dentro estar vacíos, sin horizonte, sin un rumbo, sin esperanza, con desasosiego. Nuestro señor nos pide cargar la cruz de cada día, y entendamos que la cruz no es buscar sufrimientos extraños, la cruz es la paciencia en una relación difícil, la fidelidad cuando nadie ve, el perdón cuando duele, el servicio cuando estamos cansados, permanecer firmes en la fe en medio de la incertidumbre, si lo pensamos bien, la cruz diaria es ese acto concreto de amor que cuesta, la cuaresma entonces es  un entrenamiento del corazón, el ayuno nos enseña a renunciar, la oración nos enseña a confiar, la ofrenda o limosna a compartir, todo lo anterior para aprender a amar mejor.

Jesús nos muestra un paradigma, “el que pierda la vida por mí la salvará” es como la semilla que se entierra, desde fuera pareciera que no existe, pero en realidad esta germinando, como cuando perdonamos podemos parecer ante los otros como ingenuos, o bobos, cuando servimos pareciéramos que perdiéramos el tiempo, cuando elegimos la honestidad pareciéramos que estamos en desventaja, pero en Cristo nada se pierde; todo se transforma en vida. Miren que Jesús nos anuncia su muerte pero también su resurrección, La cruz no es la última palabra, ese es el camino que nos lleva siempre a la vida, debemos dejar morir lo que nos hace daño para tener una nueva vida, eso es lo que debemos preguntarnos, que es lo que no nos deja avanzar, lo que debemos dejar morir y en que debemos transformarnos, que cruz debo abrazar en mi vida, ¿qué parte de mi debo dejar resucitar?, para eso es esta bendita cuaresma, para dejar morir lo que nos aparta de Dios, para ganar lo único que nos pertenece: “una vida en Cristo”.

El mismo Jesús alude a esta gloria de la cruz al referirse a ella como exaltación, El salvador es levantado en la cruz como la serpiente en el desierto, (juan 3, 14); cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todas la cosas hacia si (juan 12, 32-34) “cuando levantéis en alto al hijo del hombre, entonces conoceréis que soy yo”. Entonces mis amigos la muerte en cruz es también consumación de la existencia terrena de Jesús: en ella como sacerdote y victima consuma el sacrificio redentor “convenía en efecto, que aquel para quién y por quien son todas la cosas, que se proponía llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionándose por las tribulaciones al autor de la salud de ellos” (hb 2, 10).

De la misma forma que hace unos meses nos preparábamos en el adviento para el nacimiento de Jesús, de esta misma forma nos preparamos en el tiempo de cuaresma para los misterios de la pasión, muerte y resurrección. Como nos convendría hacer el ayuno de verdad, yo intente uno con mi esposa a pan y agua, alcanzamos 14 días, no puedo olvidar la experiencia tan maravillosa, acompañada de confesión, misa diaria, rosario y lectio divina (lectura del evangelio) los primeros días son de muerte lenta, se ven los platos de comida preferidos en todas partes, la ansiedad no para, pasados los 3 primeros días, se empieza a vencer la tentación, el hambre casi que desaparece, y el enemigo se ensaña a atacar sin compasión, pero la oración, la mortificación que da el ayuno, lo vence. Íbamos por 40 días, pero a los hijos se les ocurrió invitarnos almorzar, llegaron con sendas cajas de comida china (deliciosa toda) y al ver que cortábamos las rebanadas de pan masa madre con un pocillo de agua caliente, y al nosotros contarles en lo que estábamos no solo nos ganamos un gran regaño, practicante nos obligaron a volver a la rutina de la vida, y nos tocó ceder por la salud en fin. Ya ven como el enemigo se vale de todo. Así que a vivir este tiempo con propósito de cambiar, no podemos seguir con esta vida tan contaminada y supeditados a los vaivenes de las circunstancias. Espero este escrito te anime y tomes la iniciativa de vivir una cuaresma de verdad y a plenitud.

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