Lo que tu actitud revela sobre tu relación con Cristo
Edward Andrés Díaz Reina
A lo largo de la vida cristiana, es necesario examinar con honestidad el estado de nuestro corazón. No basta con una apariencia de fe o con momentos aislados de interés espiritual; la Escritura nos llama a un celo constante, genuino y bien dirigido hacia Cristo y su evangelio.
“Tienen celo por vosotros, pero no para bien, sino que quieren apartaros de nosotros para que vosotros tengáis celo por ellos. Bueno es mostrar celo en lo bueno siempre, y no solamente cuando estoy presente con vosotros” (Gálatas 4:17-18).
Los judaizantes, mediante engaños, habían persuadido a los gálatas para que rechazaran a Pablo y el evangelio de la gracia, afirmando que sus enseñanzas eran diferentes a las de los otros apóstoles. Por esta razón, en Gálatas 1, Pablo defiende su apostolado al declarar que es apóstol de Jesucristo, no de hombres, y que el evangelio que predica le fue revelado por Cristo y no por carne y sangre (Gálatas 1:1, 11-12).
Rechazar a la iglesia y a quienes predican el evangelio de la salvación por gracia, y no por obras, es evidencia de que una persona ha rechazado a Cristo.
La Escritura es clara: “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él” (1 Juan 3:15). Aborrecer puede sonar fuerte, pero esta palabra puede interpretarse como rechazo.
Mi estimado lector, si rechazas a los hijos de Dios, si cuando alguien te invita a la iglesia desprecias la invitación y a quien te invita, estás rechazando a Jesús, y al Padre, igual que los gálatas. La Palabra lo advierte: “El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros rechaza, a mí me rechaza; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me envió” (Lucas 10:16).
Ese rechazo es una evidencia clara del estado del corazón. No se trata de una simple mala actitud hacia las personas, sino de una falta de vida espiritual. Por eso, quienes realmente han pasado de muerte a vida manifiestan algo distinto: aman a los hijos de Dios y tienen celo por lo bueno, es decir demuestran diligencia e interés profundo y activo por el evangelio.
Si no tienes celo por el evangelio, no tienes verdadero interés por Cristo. Y si no hay interés por Cristo, no hay vida eterna. Esto no es un asunto superficial, sino eterno.
Por eso arrepiéntete de tu maldad, vuélvete a Dios y pídele perdón. Ruega al Señor que transforme tu corazón y que produzca en ti un celo verdadero, constante y sincero por Él, no solo en momentos específicos, sino en todo tiempo.
Edward Andrés Díaz Reina
Comunicador Social y periodista
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