La verdadera libertad cristiana se expresa en el amor y el servicio, no en las divisiones, los conflictos y el egoísmo.
La libertad que Cristo concede es un llamado a vivir en amor a Dios y al prójimo. Sin embargo, cuando perdemos de vista el evangelio, incluso aquello que Dios nos dio para bendición puede convertirse en motivo de división y destrucción. Este pasaje nos invita a examinar cómo estamos usando la libertad que hemos recibido.
“¡Ojalá se mutilasen los que os perturban! Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros” (Gálatas 5:12-15).
Aquí vemos cómo el amor por Cristo, por el evangelio y por los gálatas lleva al apóstol Pablo a exclamar: “¡Ojalá se mutilasen los que os perturban!”, es decir, ojalá fueran castrados aquellos que estaban causando confusión y desviando a los creyentes.
Ese era, según Pablo, el castigo que merecían todos los que estaban llevando a los gálatas lejos de Cristo al promover una salvación basada en las obras. Porque todo aquel que cree y enseña que es necesario realizar obras para ser salvo está, junto con sus seguidores, apartado del Padre y del Hijo.
De esta manera, los perturbadores de Galacia ocasionaron divisiones y conflictos dentro de la congregación. La situación llegó a tal punto que los creyentes se “consumían unos a otros” (Gálatas 5:15). No se trataba de una destrucción física, sino espiritual y relacional, producida por las disputas y el egoísmo.
Los gálatas habían sido liberados, por la obra de Cristo, de la esclavitud en la que vivían para disfrutar de la libertad cristiana, glorificando y honrando a Dios en todo. Sin embargo, a causa de la influencia de los perturbadores, utilizaron esa libertad para autodestruirse y despedazarse mutuamente, en lugar de servirse unos a otros en amor, como Pablo les recuerda en Gálatas 5:14.
Y nosotros, que decimos ser seguidores de Cristo en este siglo, ¿qué estamos haciendo? ¿Usamos nuestra libertad para glorificar el nombre de Dios o, como los gálatas, en lugar de servirnos unos a otros en amor, vivimos en peleas y conflictos, despotricando, escarneciendo y consumiéndonos mutuamente?
Reflexiona, mi estimado lector, y, si es necesario, pide a Dios que te guíe al arrepentimiento.