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Abismos de la cumbre

Una reflexión sobre la polarización, la pérdida de empatía y los desafíos que enfrenta la sociedad colombiana en tiempos de decisiones trascendentales.

Wendy Nagely Camacho Prada

Afrontamos la batalla final antes de que transcurran otros cuatro años para una nueva e intrincada elección. Es preocupante caminar por las calles, ir a los supermercados, o a lugares donde la palabra dinero se materializa como en los bancos y escuchar “de qué bando” es cada conciudadano. ¿Firmes por qué, por quién o contra quién? Aquí la vida está en segundo plano.

Las confrontaciones entre distintos sectores sociales y políticos se han convertido en el pan de cada día, y ahora, la polarización que Colombia ha vivido durante siglos, es más acentuada.

Ahora bien, ¿qué defiende cada colombiano en ejercicio de su derecho al voto? Sus propios intereses, como todos. Sin embargo, relegamos la necesidad de paz, bienestar y calidad de vida que enfrenta gran parte de la Nación y que se encuentra marginada, subsistiendo “del diario”. Seres humanos, que para conseguir alimento escudriñan bolsas de basura, duermen bajo los puentes rodeados de plásticos, cartones, sábanas rotas, fríos incontrolables, exposición a hurtos, muertes, amenazas, soledad, inseguridades. Pero ante todo lo anterior padecen la indiferencia de los suyos, sus compatriotas.

Caminar erguidos con la cabeza entre el viento y la mirada elevada por encima del hombro, lo demostramos al pensar en el individualismo colectivo disfrazado de comunidad.

¿Qué lograremos mejorar en el país que habitamos, que no es nuestro sino de todos, de quienes fueron y de quienes serán? ¿Qué sociedad construimos desde la humanidad? Hoy parece que fuera un término sobrevalorado. Los valores de una comunidad se expresan primero, desde la actitud individual que paulatinamente se propaga a través del ejemplo. Pero si no compartimos tiempo de calidad para escuchar, observar, comprendernos y actuar, si vemos solo con el bolsillo y no con el corazón, ¿hacia qué abismo nos estamos dirigiendo?

Decidir siempre representa una tarea desafiante, más en la actualidad, porque hemos perdido humanidad en los procesos democráticos. Sin embargo, hemos olvidado que si hoy habitamos la cumbre, mañana es probable que caigamos en la marginación, ninguno está exento. Ahí, ¿cómo quedamos?

A propósito de paz, un antiguo proverbio chino recuerda:

Si hay luz en el alma,

  habrá belleza en la persona.

Si hay belleza en la persona,

  habrá armonía en la casa.

Si hay armonía en la casa,

  habrá orden en la nación.

Si hay orden en la nación,

  habrá paz en el mundo.

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