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SIN ESCOLTAS

Una historia de fe, confianza y encuentro con Jesús Eucaristía.

Patricia de la Cruz Ospina

Como ya les conté, Jorge y Margarita hacían su adoración semanal en la parroquia de Santa María de los Ángeles. Asistían cada viernes, de una a tres de la madrugada. Semana tras semana repetían el mismo recorrido, a la misma hora, con una constancia admirable.

En alguna ocasión les sugerí que cambiaran con frecuencia de parroquia, de día y de horario, pues esa costumbre me parecía peligrosa.  Ellos tenían mucho dinero y pensé que una rutina tan predecible podría facilitarles las cosas a quienes quisieran hacerles daño.

Salir cada ocho días, en plena madrugada, cuando las calles están desiertas y en silencio me parecía un riesgo innecesario.  Incluso les pregunté si habían considerado la posibilidad de contar con un escolta para desplazarse con mayor tranquilidad.

Quedé profundamente sorprendida con la respuesta de ambos.

Jorge me dijo: Ese pensamiento es una tentación del maligno para impedir la adoración nocturna. Es una mentira, un engaño.  Luego me preguntó:

  • ¿De verdad crees que Nuestro Señor permitiría que nos ocurriera algo malo por ir a adorarlo en la madrugada? Quien piensa así todavía no conoce su amor. Él cuida de nosotros. Envía a sus santos ángeles para que nos acompañen.  Nunca nos ha pasado nada, ni siquiera el menor susto.

Sus palabras me desarmaron.  Enmudecí ante la confianza absoluta que ambos tenían en el amor de Nuestro Señor Jesucristo, vivo y presente en la Sagrada Eucaristía.

Con el paso del tiempo pude comprobarlo en carne propia.  Edgar, mi entonces esposo, y yo decidimos hacer nuestra adoración en ese mismo horario: de una a tres de la madrugada.  Nunca nos ocurrió nada.

Después de que él se fue de la casa, continué asistiendo sola.  Iba y regresaba en taxi, caminando o en carro, según las circunstancias. Siempre todo salió bien.

Tampoco supe de ningún incidente desagradable con los adoradores de la parroquia de San Francisco, que era la capilla que yo frecuentaba.

Tiempo después, cambiaron al párroco y la capilla dejó de permanecer abierta durante la noche.

A partir de ese momento me tocó asistir a otras capillas de adoración en Tunja, como la del Espíritu Santo, ubicada en el barrio Los Muiscas.  Me quedaba bastante lejos.  Desplazarse entre la una y las tres de la madrugada no era fácil; a esa hora la ciudad suele tener muchos borrachos y el ambiente se torna pesado.  Sin embargo, eso nunca me detuvo.  Yo tenía una cita de amor con Jesús Eucaristía y, para mí, era un encuentro al que no podía faltar.

Hoy, cuando miro hacia atrás, me siento feliz de haber aprendido a nadar sin flotador.  Esa experiencia fortaleció mi fe, aumentó mi confianza en el Señor y me dio una seguridad que antes no tenía.  Gracias a esto vivo con mayor paz y serenidad.  Estoy plenamente convencida de que Él me protege dondequiera que me encuentre y a la hora que sea.

Gracias al Señor perdí mis miedos. Fui capaz de correr sola a su encuentro y también de llevar a otros a Él.  Todos salimos ganando.  La Virgen nos bendijo con abundancia.

A usted, que me está leyendo, quiero hacerle una invitación: no me crea simplemente porque se lo digo.  Haga usted mismo el ejercicio y compruebe si lo que le he contado es cierto.

Busque la capilla de adoración más cercana.  Si es posible, elija una que permanezca abierta las veinticuatro horas y asista en la madrugada; si no, vaya durante el día, cuando le sea posible.  Lo importante es ir.

Estoy segura de que le encantará.  Disfrute del silencio y de la tranquilidad.  Rece el rosario despacio, sin afanes; hable con Virgen entre misterio y misterio; medite la palabra de Dios y permanezca unos momentos en silencio ante Jesús Sacramentado.

Su alma, su corazón y todo su ser se lo agradecerán.

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