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LA CHICA DEL BAR

Una historia de entrega, compañía y amor por Jesús Eucaristía.

Patricia De La Cruz Ospina.

Había una chica que trabajaba en un bar cerca de la capilla de Santa María de los Ángeles.  Su jornada laboral terminaba a las 10 de la noche, pero ella había asumido un turno de adoración eucarística de 10:15 a 11 p.m.

Al terminar, tenía que bajar a pie, casi disparada, desde la carrera séptima hasta la autopista para alcanzar el último bus, que pasaba a las 11.30

Margarita me contaba que Jorge era tan comprometido con la adoración eucarística, que cuando llovía, se levantaba, se vestía, y salía a recogerla para acompañarla hasta el bus y evitar que se mojara.

Jorge y Margarita vivían admirados por el sacrificio que aquella mujer hacía de lunes a viernes:  prolongaba una hora su regreso a casa  después de una jornada de trabajo  físicamente extenuante. Y, para completar, tenía que casi correr para  alcanzar el bus de regreso, a esas horas de la noche y estando sola.

Admirable, sin duda,  el amor de los dos por el Señor.

 Era impresionante el sacrificio, el esfuerzo que ella hacía cada día por encontrarse con Él. En verdad,  Jesús era como su novio. Tal cual. ¡Tenía que estar  muy enamorada para no dejar de encontrarse con Él.!

Y Jorge,  por su parte, después de estar en pijama, acostado en su cama y descansando,  salía nuevamente al  frío de la noche, incluso cuando estaba lloviendo, para acompañar hasta el bus a una chica que no era de su familia y que ni siquiera era su amiga, pues antes de aquellas horas de adoración no se conocían. 

 Todo por apoyarla en su oración. Todo por respaldarla en su decisión de adorar al Señor presente en la Eucaristía.

Definitivamente,  hay gente que nos lleva mucha ventaja.

Este par de personas tenían muy claro que recorrer el camino del encuentro amoroso con el Rey de reyes valía la pena, aunque para lograrlo tuvieran que hacer lo que fuera necesario.

Me imagino a Jesús sacramentado,  derretido de ternura y compasión por ellos. Seguramente se derramó en bendiciones sobre sus vidas, atrayéndolos cada vez más cerca de su Sagrado Corazón.

De otra manera, este tipo de comportamientos no se explicarían.

Y es que Jesús Eucaristía enamora porque enamora.

¿Usted ya se dió la oportunidad de enamorarse de Él?

  Vaya a visitarlo.  Cuéntele sus cosas.  Háblele de su vida, de sus sueños, sus ilusiones, de sus miedos y  temores, de esas metas que quisiera alcanzar  y todavía no ha podido, de sus necesidades y de todo aquello que lleva guardado en el corazón.

 Tenga la seguridad de que Él ya lo sabe.  Pero no importa.

 A  Él le encanta que usted se lo cuente.

 Le fascina escucharlo.

Y sobre todo le fascina que usted aprenda a escucharlo a Él.

Porque cuando uno se atreve a encontrarse de verdad con Jesús en la Eucaristía, descubre que Él no es una idea, ni un recuerdo, ni una costumbre, ni simplemente una obligación religiosa.

Es una persona, alguien que espera.

Alguien que escucha.

Alguien que ama.

Y cuando uno se deja amar por Él, empieza también a descubrir que vale la pena hacer cualquier sacrificio con tal de volver a encontrarse con su Amor.

Mejor aún: tome papel y lápiz y escriba todo lo que acaba de leer. Después haga silencio.  Espere unos segundos y, sin pensarlo demasiado, escriba aquello que surja en ese instante; lo que llegue a su mente, lo que nazca de su corazón.  Luego léalo.  Quizá se sorprenda de lo que encuentre.

Por último, dele gracias a Dios. Dígale que lo ama, que lo extraña, que lo necesita, que le hace falta; dígale incluso que le parece lindo, o cualquier otra cosa que especialmente quiera decirle. No se preocupe por las palabras: sea sincero.  Sobre todo, sea agradecido y trátelo siempre con profundo respeto y cariño.

Y entonces, quién sabe…quizá descubra que, mientras hablaba con Dios, sin darse cuenta, se estaba enamorando de Él.

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