Dar con amor también es reconocer la dignidad de quien necesita.
Patricia de La Cruz Ospina
Hay un pasaje de la Sagrada Escritura que siempre me ha impresionado profundamente. En Malaquías 3,10 leemos:
“Lleven al arca del tesoro el diezmo completo y no faltarán los alimentos en mi templo; pónganme a prueba de este modo, dice el Señor Todopoderoso, y verán cómo abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendiciones y abundancia”.
Este es, al menos de los textos que yo conozco, el único pasaje de la Sagrada Escritura en el que Dios nos permite – y hasta nos pide- que lo pongamos a prueba.
Y no solo eso: también nos hace una promesa. A quienes llevemos nuestro diezmo al templo, a la iglesia, a través de nuestros sacerdotes, nos promete abrir las compuertas del cielo y derramar sobre nosotros abundantes bendiciones.
Yo puedo decir que lo he experimentado. Sé que es cierto porque, cuando miro mi vida, encuentro que lo que he recibido y la manera como he vivido no siempre parecen corresponder a mis ingresos. Muchas veces no logro entender cómo sucede, pero sucede.
. El Señor se encarga de proveer.
No necesariamente como nosotros lo imaginamos, ni siempre de la manera que esperamos, pero provee. Y cuando damos con amor, descubrimos que la generosidad no nos empobrece: nos hace partícipes de una forma misteriosa de la providencia de Dios.
Hoy Colombia atraviesa una situación muy, pero muy difícil. Son tiempos en los que todos tenemos algo que aportar.
Podemos aportar nuestra oración, nuestras ofrendas en efectivo, alimentos, bebidas, ropa, abrigo, pañales, medicamentos, menaje de cocina, materiales de construcción, …Lo que podamos. En momentos como estos, todo hace falta y todo puede ser necesario.
Pero hay algo que considero fundamental: lo que demos, démoslo con amor y con dignidad.
Demos lo que podamos, como si fuera para nosotros mismos o para alguien que amamos profundamente.
No se trata de deshacernos de aquello que ya no queremos, de enviar ropa vieja, sucia o rota simplemente porque nos sobra. Eso no es generosidad. Si algo está en condiciones que nosotros mismos consideraríamos indignas para usar, es preferible no entregarlo.
Dar al necesitado también significa reconocer su dignidad.
Yo ya estoy conversando con mi párroco, el padre Carlos Puerto, para hacerle llegar mi ofrenda. Le dije algo que nace profundamente de mi corazón:
“Padre, yo confío en los sacerdotes, en la honestidad de todos ustedes, en la organización de la iglesia y en su capacidad para hacer llegar la ayuda a quienes realmente la necesitan. Un párroco conoce de cerca de su comunidad. Sabe quiénes están pasando necesidad, quiénes requieren alimento, abrigo, medicamentos o cualquier otra ayuda. La iglesia siempre ha estado llamada a estar cerca de los más vulnerables”.
Hoy quisiera dejarles una pregunta.
No es una pregunta para juzgar a nadie, sino una invitación a reflexionar:
¿Y usted qué piensa hacer al respecto?
Tal vez no podamos solucionar todos los problemas de Colombia. Tal vez nuestra ayuda parezca pequeña frente a la magnitud de las necesidades.
Pero una oración, una ofrenda, un alimento, una prenda digna, un medicamento, un aporte económico o simplemente un acto de amor pueden convertirse, en las manos de Dios, en mucho más de lo que imaginamos.
Porque, al final, no se trata solamente de cuánto damos.
Se trata de con cuánto amor damos.
Patricia De La Cruz Ospina.