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GENEROSIDAD

Una historia que demuestra que la verdadera riqueza está en un corazón generoso.

Patricia De La Cruz.

Una tarde me encontraba de visita en casa de Jorge y Margarita cuando llegó un sacerdote amigo de ellos, procedente del sur del Huila.  Con entusiasmo nos habló de su nueva parroquia y de la profunda devoción de sus feligreses al Señor de los Milagros de Buga.  Sin embargo, había algo que le preocupaba: en la parroquia no tenían una imagen grande y hermosa del Señor de los Milagros, como él soñaba para su comunidad.  

El sacerdote había realizado varias actividades para reunir el dinero necesario y finalmente había conseguido comprar la imagen.  Pero se encontró con un inconveniente: después de pagarla, ya no tenía dinero para cubrir el transporte.  La imagen era grande y pesada, y allí estaba él, sin saber cómo llevarla hasta su parroquia.

Para ese entonces, Jorge ya padecía Alzheimer.  Sin embargo, el Señor de manera misteriosa y hermosa, le regalaba de vez en cuando momentos de extraordinaria lucidez.  Aquel fue uno de ellos.

Jorge escuchó con mucha atención la historia del sacerdote.  Lo felicitó por su preocupación por fortalecer la fe de sus feligreses y, con toda naturalidad, le dijo:

-Padre, esté tranquilo.  Del transporte no se preocupe. ¿Cuánto cuesta?

Luego miró a Margarita y añadió:

-Margarita, ¿qué esperas para traer la chequera? Por favor hazle el cheque.

Así era Jorge.  Así eran Jorge y Margarita.

Ellos diezmaban a la iglesia sin hacerle cuentas a Dios.  Simplemente daban. Y daban con un amor y una generosidad que difícilmente pueden describirse con palabras.

Estoy segura de que no lo hacían porque les sobrara el dinero.  He conocido personas con muchos recursos que, aun pudiendo permitirse ciertas comodidades prefieren ahorrar hasta el último peso: personas que utilizan el transporte público para no gastar carro, o que llegan incluso a restringir el uso del agua caliente para reducir la factura de los servicios, aunque tengan con qué pagarla.

Jorge y Margarita eran diferentes.  Lo que los movía no era la abundancia de sus bolsillos, sino la grandeza de sus corazones.

Daban por amor al Señor.

Y ese amor se manifestaba en su generosidad con la iglesia y con el prójimo.  Tenían un corazón tan grande que parecía capaz de albergar a muchos y hacer espacio para las necesidades de los demás.

Esta generosidad les hizo merecedores de múltiples bendiciones, para ellos, su familia y amigos.

Animémonos a colaborar siendo generosos con los damnificados del terremoto.

Podríamos estar nosotros, nuestra familia en esa situación Tengan la seguridad, el Señor no se deja ganar en generosidad de nadie y sabrá recompensarnos con la abundancia de su corazón.

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