La inteligencia artificial transforma nuestra manera de informarnos, pero también plantea una pregunta: ¿estamos pensando menos y confiando demasiado en las máquinas?
Wendy Nagely Camacho Prada
Estamos intoxicados por la información de dudosa procedencia. La era digital avanza exponencialmente ofreciéndonos la posibilidad de obtener datos, productos y servicios en masa dentro de muy poco tiempo, sin tener definido de manera oficial un filtro objetivo de calidad y veracidad de fácil alcance. El gran trabajo que desempeña la inteligencia artificial como protagonista, es una muestra que ha ido evolucionando a ritmo acelerado durante los últimos años.
El término “Inteligencia Artificial” fue utilizado por primera vez en el año 1956 por el informático John McCarthy durante la conferencia de Dartmouth, la cual estableció que cualquier aspecto del aprendizaje humano puede ser descrito con tanta precisión que se puede construir una máquina para simularlo, así como sentó las bases para el desarrollo de los enfoques simbólicos y conexionistas en la computación.
No es una novedad la interacción del ser humano con sistemas de chat que ahora llevan nombres como ChatGPT, Claude o NotebookLM. El primer chatbot del mundo se presume que fue desarrollado en 1966 con el nombre de ELIZA, el cual permitió incorporar el procesamiento del lenguaje natural con el objetivo de simular una comunicación entre las computadoras y los seres humanos, en lugar de necesitar programación en código.
Sin embargo, hoy más que nunca vivimos en la frontera entre lo auténtico y lo adulterado. Gracias a la facilidad con la que se produce contenido de manera masiva, sin requerir conocimiento profundamente técnico en el manejo de los sistemas generados por la Inteligencia Artificial, el ecosistema mundial de información está en riesgo y nuestra inteligencia, también. Nos estamos acostumbrando a darle vacaciones a nuestro cerebro y que el trabajo lo haga la IA, relegando la tarea de crear y generar más conexiones cerebrales que evolucionen más al ser humano que a los sistemas informáticos.
Ojalá no se haga realidad la predicción que hizo Raymond Kurzweil en 2005 acerca de que las máquinas alcanzarán un nivel de inteligencia humano en 2029. ¿Será que aún estamos a tiempo de dominar el sistema y no que él nos gobierne?
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