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¿Cuánto estás dispuesto a perder para no ser rechazado?

El precio de vivir para agradar.

Edward Andrés Díaz Reina

Hay momentos en los que permanecer fieles a nuestras convicciones tiene un precio. Decir la verdad puede hacernos perder aceptación, defender lo que creemos puede traer críticas y mantenernos firmes puede significar quedarnos solos. Ante esa presión, existe una tentación muy humana: ceder para evitar el rechazo, buscar la aprobación de los demás y conservar nuestra comodidad.

Pero cuando esa búsqueda de aprobación nos lleva a cambiar aquello que Dios ha establecido, el problema deja de ser simplemente lo que otros piensan de nosotros. Se convierte en una cuestión de fidelidad. ¿Qué valor tiene recibir los aplausos de los hombres si, para conseguirlos, terminamos apartándonos de Cristo?

Pablo conocía muy bien esta realidad. Por eso, al escribir a los creyentes de Galacia, puso al descubierto las verdaderas motivaciones de quienes estaban distorsionando el evangelio para evitar la persecución y conseguir reconocimiento.

«Mirad con cuán grandes letras os escribo de mi propia mano. Todos los que quieren agradar en la carne, estos os obligan a que os circuncidéis, solamente para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo. Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley; pero quieren que vosotros os circuncidéis, para gloriarse en vuestra carne» (Gálatas 6:11-13).

En este pasaje, Pablo advierte a los gálatas sobre los falsos apóstoles que predicaban la circuncisión y obligaban a los creyentes de Galacia a circuncidarse.

Tales hombres no lo hacían por amor a Dios ni a su ley. Sus motivaciones eran, por un lado, la gloria que pudieran recibir de los hombres, en este caso de los judíos, al hacer prosélitos entre los creyentes de Galacia.

Por otro lado, y para mí, esta era la razón principal: el temor a la persecución por causa de la cruz de Cristo.

Estos hombres se amaban tanto a sí mismos y a la gloria que el mundo ofrece, que corrompieron la predicación y negaron a Cristo para salvar sus vidas, aunque perdieran sus almas.

Su visión era limitada: estaba puesta solamente en este mundo. Rechazaron la gloria ofrecida en la cruz del Calvario y la esperanza de la vida eterna por la gloria de este mundo, que es limitada y pasajera.

Hicieron un mal negocio, el mismo que hacen hoy las falsas  iglesias y los falsos cristianos que cambian la gloria de Dios por la gloria de este mundo, aceptando y defendiendo causas que Dios aborrece, como el movimiento LGBT, la niñez trans, el aborto, el feminismo, la libertad sexual, el amor al dinero, entre otras tantas.

Todo para no ser llamados legalistas, retrógrados, intolerantes o anticuados; para no perder miembros que hacen interesantes aportes económicos, o para no sufrir la persecución ideológica de hoy y, en cambio, llevarse los aplausos de los incrédulos.

Mi estimado lector, que no te engañen. Si estás en una de estas iglesias que han vendido el evangelio, corre de allí. Y si tú eres de los que han negado a Cristo por la gloria de los hombres, arrepiéntete antes de que sea tarde.

¡Que Dios te ayude!

Edward Andrés Díaz Reina
Comunicador Social y periodista
En Facebook: Edward Diaz
En Twitter: @edwar199
Blog: edwarddiaz199.wordpress.com
En Linkedin: https://co.linkedin.com/in/edward-andrés-díaz-reina-2858244a

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