Una experiencia de inundación lleva a reflexionar sobre la solidaridad que hoy necesitan quienes enfrentan las consecuencias de una tragedia.
Patricia de la Cruz Ospina
En el año 2011, Tunja tenía graves problemas de acueducto y alcantarillado, sumado a esto, hubo un fuerte invierno que causó graves inundaciones en varios sectores de la ciudad, sin embargo, el barrio Pozo de Donato que limita con la avenida norte, fue un punto crítico de la inundación. Ahí vivía mi amiga, Liliana a quien se le inundo tres veces la casa durante el invierno.
El Pozo de Donato tiene un desnivel con respecto a la avenida de mas de un metro y medio aprox. Además, a la avenida le construyeron un muro de contención para sostener el tráfico vehicular y así evitar el hundimiento de una de las vías más importantes de la ciudad. Como si fuera poco tiene el agravante de la cercanía con el rio Chulo.
El ultimo torrencial aguacero, desbordo el rio, se taparon las alcantarillas y el muro de la avenida contenía el agua, ocasionando una inundación mayúscula.
En la casa de Liliana el agua tomo una altura tal, que cuando ella muy valiente, se atrevió a bajar para desconectar la luz y el gas, evitando así una tragedia de mayores proporciones, el agua le daba casi hasta los hombros, prácticamente le toco nadar en vez de caminar.
Hacía dos meses había comprado carro, lo había sacado de agencia nuevo y lo guardaba en el garaje de la casa, cuando bajo lo encontró totalmente cubierto por el agua. También perdió todo lo del primer piso, sala, comedor, estudio, estufa, nevera, lavadora y lo demás que se puedan imaginar.
Al enterarme de lo sucedido le ofrecí mi casa, se demoró unos 20 días hasta que recobro la paz y la tranquilidad. Liliana se sintió acogida con cariño, segura y protegida.
Esto le permitió iniciar a coordinar lo pertinente para gestionar un crédito bancario, hacer un aseo con desinfección, fumigación, contratar maestros para reparaciones y pintura, reponer los muebles y enseres perdidos y hacer la reclamación en la aseguradora por la perdida total del carro. Etc.
Mas adelante, esa crisis, le desencadeno a Liliana afectaciones psicológicas muy graves, estuvo hospitalizada e inició tratamiento psiquiátrico.
Hoy, no puedo evitar preguntarme cómo estarán las personas afectadas por el terremoto. Muchas de ellas lo perdieron todo: a sus seres queridos, su hogar y trabajo.
Por favor, ayudemos, colaboremos todos. No pensemos que como ya di…. Ya salí de parte. Esto tomara mucho tiempo y la necesidad es inmensa.
Tenemos la oportunidad, de tendernos la mano con verdadero amor. Ser solidarios es lo que nos corresponde. Mt 20,28 El Señor no vino a ser servido, sino a servir.
El servicio nos hace grandes. Nada de ser usureros, de aprovecharnos de la necesidad de aquellos que lo han perdido todo. Que todo cueste lo justo.
Tenemos la mentalidad de que, al caído, caerle. No, no, no. Eso desagrada profundamente al Señor. Al caído hay es que ayudarle, en todo lo posible, hay que tenderle la mano. Santa Madre Teresa de Calcuta decía “Hay que dar hasta que duela”.
A Jesús le gusta es el amor, un mandamiento nuevo nos dio Jn 13,34 “Ámense los unos a los otros.”
Que se nos note, somos una nación en la que la mayoría de los hombres y mujeres creemos en Nuestro Señor Jesucristo. Es momentos de mostrar nuestra fe con obras. Sant 2,17 “La fe sin obras está completamente muerta”.