El agua parece eterna, pero no lo es.
Wendy Nagely Camacho Prada
Con frecuencia, afrontamos el racionamiento impuesto de forma temporal en varias ciudades de nuestro País, lo cual implica reducir el consumo de recursos cada vez más presionados por el crecimiento de la demanda y el cambio climático. Paradójicamente, habitamos uno de los países más biodiversos del planeta, pero actuamos como si sus recursos fueran inagotables.
Colombia, de acuerdo al Ministerio de Ambiente, ocupa el primer lugar global en diversidad de aves, orquídeas y mariposas; el segundo en anfibios, peces dulceacuícolas, palmas y murciélagos; el tercero en plantas; el sexto en mamíferos y el séptimo en reptiles. Actualmente, se han confirmado más de 80.300 especies observadas. Sin embargo, esta riqueza biológica no garantiza seguridad ambiental, porque cada vez más especies pierden sus hábitats, ya sea por deforestación, expansión urbana descontrolada, comercialización, contrabando o caza ilegal. Colombia también enfrenta incendios forestales, sequías y desabastecimiento hídrico.
A pesar de la ubicación geográfica ecuatorial y tropical nacional, lo que permite albergar variedad de ecosistemas distribuidos en selvas, páramos, bosques, llanuras, desiertos y costas, problemáticas como el Fenómeno del Niño, el cambio climático, el calentamiento global, la desertificación son cada vez más críticas y están estrechamente relacionadas con las prácticas humanas de producción agrícola y de consumo.
Sumergiéndonos en la huella hídrica, un concepto que permite establecer la cantidad de agua que se emplea para producir distintos bienes o servicios, se comprende mejor cómo se desvía parte del agua y por qué llega a escasear. Incluye el agua consumida, contaminada y evaporada. Poniendo un ejemplo práctico, para producir una tonelada de café en Villeta-Cundinamarca se necesitan 21.633 m3, mientras que en Indonesia el valor es 22.907 m3 por tonelada. La cantidad de agua utilizada depende de la región, el tipo de suelo y las condiciones climatológicas que posee.
¿Consumo o derroche?
La crisis climática debe invitarnos a modificar y mejorar el consumo de los recursos vitales para la humanidad. No se trata de mitigar temporalmente un efecto, sino de concientizar sobre cómo, en qué y con cuál finalidad se consume.
Hacia una mirada global, en India, el agua se ha convertido en un lujo. Un país superpoblado con más de 1.400 millones de habitantes, enfrenta una profunda crisis hídrica a diferencia de Colombia, que cuenta con alrededor de 53 millones de habitantes. Su sistema de saneamiento y tratamiento de aguas es deficiente, por lo que vivir con condiciones mínimas de salubridad sigue siendo un desafío. En aquel país, donde hay montañas de basura, la contaminación excesiva es el pan de cada día, se ven obligados a comprar agua embotellada, pese a sus condiciones económicas complejas.
Esperar a que el agua sea un sueño y despertar abrumados por la impotencia en montañas de tristeza, se puede evitar si tan solo cerramos el grifo cuando nos estamos cepillando o jabonando, reutilizamos el agua de lluvia o evitamos compras innecesarias, en ellas, la huella hídrica es imparable. Pequeños cambios hacen la diferencia. Lo eterno parece comenzar.
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