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Cuando la libertad no es suficiente

La tendencia humana a abandonar la gracia de Dios para volver a las viejas cadenas.

Edward Andrés Díaz Reina

Muchos creen que la libertad consiste en hacer lo que uno quiere. Sin embargo, la experiencia humana muestra algo diferente: con frecuencia terminamos siendo esclavos de aquello que pensamos que controlamos. Hay hábitos, creencias o deseos que poco a poco nos dominan. La Biblia habla precisamente de esa realidad y presenta una libertad distinta, una libertad que no nace del esfuerzo humano, sino de conocer a Dios.

El apóstol Pablo escribió una carta a los cristianos de Galacia porque estaba preocupado por ellos. Habían conocido el mensaje de Cristo, pero estaban regresando a una forma de vida que los volvía a poner en esclavitud al pecado. Por eso les dirige estas palabras:

“Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros” (Gálatas 4:8–11).

Estas palabras de Pablo son un ruego para que los gálatas se arrepintieran de su pecado. ¿Qué pecado? El de esclavizarse nuevamente a la ley después de haber sido declarados hijos de Dios y liberados de la esclavitud de sus pasiones y de sus antiguas creencias paganas por medio de Cristo.

Antes de ser conocidos por Dios, los gálatas eran esclavos de la idolatría y del paganismo. Pero cuando Dios los llamó y conocieron el evangelio, fueron liberados, por la obra de Jesús.

Sin embargo, ahora que eran libres y que habían recibido el privilegio de ser llamados hijos de Dios, estaban sometiéndose otra vez a una forma de esclavitud. En lugar de descansar en la obra de Cristo, querían justificarse por medio de reglas, rituales y observancias religiosas. En otras palabras, estaban renunciando a la libertad para volver a la esclavitud. Eso era lo que Pablo no podía entender.

Aquí se cumple el proverbio que menciona el apóstol Pedro: “El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno” (2 Pedro 2:22). Los gálatas habían sido limpiados de su pecado, pero estaban regresando a aquello de lo que habían sido liberados, así como el perro vuelve a su vómito y la puerca lavada vuelve al lodo.

Y si somos sinceros, nosotros no somos mejores que ellos.  Quienes creemos en Cristo como Salvador y hemos sido llamados hijos de Dios muchas veces volvemos a someternos a los deseos pecaminosos de nuestra propia naturaleza.

Algo similar ocurrió con el rey David. Después de haber sido bendecido por Dios, cayó en un grave pecado cuando tomó a Betsabé, la esposa de Urías, y luego mandó a poner a este hombre al frente de la batalla para que muriera (2 Samuel 11). Durante un tiempo David vivió bajo el dominio de su pecado, hasta que el Señor lo confrontó por medio del profeta Natán y lo llevó al arrepentimiento.

La historia humana, y también la historia bíblica, nos muestra una verdad incómoda: el ser humano tiende a volver a aquello que lo esclaviza. Por eso el evangelio no se trata simplemente de ser una mejor persona o de seguir reglas religiosas, sino de recibir una nueva vida y una verdadera libertad por medio de Cristo.

Tal vez, al leer estas palabras, puedas reconocer que hay algo que domina tu vida: un hábito, un pecado, incluso una forma de religiosidad. La buena noticia del evangelio es que Dios no solo ve esa esclavitud, sino que ofrece liberación por medio de Jesucristo.

Que Dios te permita ver con claridad de qué pecado te estás esclavizando o de qué no has podido soltarte, y que su gracia te guíe al arrepentimiento y a la verdadera libertad que solo se encuentra en Cristo.

Edward Andrés Díaz Reina
Comunicador Social y periodista
En Facebook: Edward Diaz
En Twitter: @edwar199
Blog: edwarddiaz199.wordpress.com
En Linkedin: https://co.linkedin.com/in/edward-andrés-díaz-reina-2858244a

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