El papel de la ley antes de Cristo y la libertad que trae la fe
Edward Andrés Díaz Reina
Muchas personas creen que pueden agradar a Dios, acercarse a Él o incluso “ganar el cielo” por medio de buenas obras, portándose bien o siguiendo reglas religiosas. Algunos incluso toman la Biblia para apoyar esa idea. Pero esta forma de pensar viene de no comprender cuál fue el propósito real de la ley que Dios dio en el Antiguo Testamento.
El apóstol Pablo enfrentó exactamente este problema cuando escribió a las iglesias de Galacia, y por eso les explicó con claridad por qué Dios dio la ley y qué papel cumplió antes de la llegada de Jesús.
“Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada” (Gálatas 3:23).
En los versículos anteriores, Pablo enseña que uno de los propósitos de la ley era mostrar el pecado, dejar en evidencia nuestra verdadera condición. Ahora añade que la ley también funcionó como una especie de cárcel que Dios utilizó para preparar al pueblo antes de la llegada de Cristo.
Podríamos compararlo con la experiencia del pueblo de Israel en Egipto. Aquellos cuatrocientos años de esclavitud fueron utilizados por Dios para protegerlos como nación y permitirles multiplicarse. Cuando la familia de Jacob entró a Egipto eran cerca de setenta personas, pero cuando salieron eran seiscientos mil hombres, sin contar mujeres y niños (Génesis 46:26–34; Éxodo 12:37). La dureza de esa esclavitud sirvió para que, al ser liberados, Israel pudiera ver con claridad el amor, la compasión y el poder de Dios. Sin la crueldad de su opresión, la liberación no habría sido tan gloriosa ni tan significativa.
De manera similar, la ley separó a Israel de las demás naciones, le dio identidad y mostró la gravedad de su pecado. Pero debido a la dureza de su corazón, la ley terminó convirtiéndose en una carga pesada, un yugo que dejaba ver su incapacidad de cumplirla perfectamente. Israel, sin Cristo, era esclavo de la ley.
Dios permitió esto para que su pueblo pudiera reconocer y apreciar su gracia, su misericordia y su poder en la obra liberadora del Mesías. Porque en Cristo Jesús tanto los israelitas como nosotros somos liberados de la esclavitud de la ley por medio de la fe.
Así, la ley—como cárcel y como guardián—preparó el camino para la gloria de Dios revelada en Cristo, o como dice Pablo, “para aquella fe que iba a ser revelada”.
Por eso, querido lector, no intentes ganar el cielo por tus obras ni esforzarte en demostrar que eres lo suficientemente bueno. Dios ya abrió un camino perfecto. Pon tu fe en Cristo Jesús, y serás salvo.
¡Que Dios te ayude a verlo y creerlo!
Edward Andrés Díaz Reina
Comunicador Social y periodista
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