Antes de señalar, examínate
Edward Andrés Díaz Reina
Gálatas 6:4-5
“Así que cada uno someta a prueba su propia obra; y entonces tendrá motivo de gloriarse solo respecto de sí mismo, y no en otro; porque cada uno llevará su propia carga”.
En este punto, el apóstol Pablo nos ha instado a los creyentes a ayudar, con humildad, al hermano en Cristo que ha caído, acompañándolo en su lucha contra el pecado y las tentaciones.
Esto debemos hacerlo sin creernos mejores que él. Nuestra condición humana y pecadora nos lleva con frecuencia a pensar, sentir o creer que, por tener ciertas habilidades, características o fortalezas, o simplemente por no haber caído en el mismo pecado, somos mejores que los demás.
Pero, si ponemos los pies sobre la tierra, nos daremos cuenta de que solo somos polvo y ceniza. Como dice Gálatas 6:3, cuando alguien se considera superior a los demás, se engaña a sí mismo.
Por eso, en Gálatas 6:4-5, Pablo nos invita a hacer un análisis concienzudo de nosotros mismos. Pocas veces hacemos esto, porque nuestro orgullo nos hace pensar que actuamos bien la mayor parte del tiempo.
Pero es bíblico y correcto examinar con frecuencia nuestra forma de actuar, pensar y proceder, teniendo como referencia a Cristo.
Porque, si hemos de compararnos con alguien, es con Cristo mismo: el varón perfecto, sin pecado. Él es nuestra vara de medir.
Al hacer esto, nos daremos cuenta de que nos falta mucho para ser perfectos y para sentirnos orgullosos de nosotros mismos.
También veremos el avance que hemos tenido en nuestro camino de santificación desde que Cristo nos reconcilió con Dios.
Entonces tendremos motivo de gloriarnos solo respecto de nosotros mismos, como dice el apóstol en Gálatas 6:4, pero sin dejar de reconocer que ese avance es obra del Espíritu Santo en nosotros.
Por tanto, no nos comparemos con el que ha caído. Ayudémosle, pero sin dejar de ocuparnos de nosotros, porque aún no somos lo que debemos ser.
Aún tenemos que luchar con nuestra maldad y reconocer que también necesitamos constantemente de la gracia de Dios.
En el pasaje citado, el apóstol también nos invita a ocuparnos de nuestro pecado, en lugar de estar comparándonos con los demás.
Cada uno debe examinar su vida y asumir su responsabilidad delante de Dios, porque cada uno llevará su propia carga (Gálatas 6:5).
Antes de señalar al que ha caído, examinemos nuestro corazón. Y cuando encontremos a alguien luchando con su pecado, ayudémosle con humildad, recordando que nosotros también seguimos necesitando de la gracia de Dios.
Edward Andrés Díaz Reina
Comunicador Social y periodista
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