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Diez razones por las que dejamos de frecuentar a la iglesia.

Una mirada a los cambios que han llevado a muchas personas a alejarse de la vida parroquial y de la celebración dominical.

Por. José Álvaro Cardozo Salas.

Uno de los mandamientos de la ley de Dios es santificar las fiestas, y se refiere puntualmente al día del señor ósea el domingo, para los judíos el Sabbat (sábado), ha sido una tradición pasada de generación en generación por cientos de años, incluso hasta nuestros días, pero en la medida que va pasando el tiempo, tenemos más elementos distractores que van tomando fuerza y sin quererlo nos va alejando de santificar este día. En ese orden nombraré algunas de estas, que seguramente puede haber más, se las dejo como referencia.

  1.  La gente tiene más dinero, y puede hacer más cosas, Hay más gente con dinero, de esa que sin ser superricos han decidido que pueden permitirse casas más grandes, coches más caros, y todo lejos de la parroquia, sin vida de barrio. También se permiten más viajes y grandes actividades de fin de semana. O trabajan mucho para mantener todo eso. Mucha gente de clase media iba a la iglesia porque tenía la posibilidad de realizar actividades de amistad y relación que no costaban dinero. Ahora, con más dinero, tienen muchas más opciones, y muy seductoras.
  2. Obsesión por las actividades de fin de semana de los chicos, la gente no tiene muchos hijos, sólo uno o dos, pero los apunta a varios deportes de competición, y eso requiere viajar a competiciones en otras ciudades, o en la misma ciudad, muchos domingos, lo que dificulta asistir a misa.
  3. Más obsesión por viajar: puentes, fines de semana largos. familias de clase media pueden ir en caravana, de camping, intercambiar casas con amigos de la otra punta del país. Eso no hace que dejen de ir a la iglesia del todo, pero sí se saltan 8 o 10 domingos más que antes, quizá concentrados en los meses de buen tiempo.
  4. Familias rotas y recompuestas (y ancianos solos) Una familia “recompuesta” es aquella en la que los hijos quizá viven con medio-hermanos, con la nueva pareja de la madre, o una semana en un hogar y otra semana en otro. Quizá sus padres se divorciaron, o separaron, o nunca llegaron ni a casarse.
  5. La oferta online, Hay debate sobre si la oferta online durante la pandemia ha hecho que los cristianos dejen de ir a la iglesia porque ya les basta con los servicios que escuchan o siguen por Internet. Faltan estudios y estadísticas al respecto.
  6. Desapareció la sensación cultural de culpa por saltarse la iglesia en domingo, “Cuando yo era pequeño, me sentía culpable si no iba a la iglesia en domingo. El número de gente que se siente culpable por no ir a la Iglesia en domingo disminuye día a día”, apunta “Me encuentro con frecuencia con personas que aman nuestra iglesia pero que llevan meses sin venir.
  7. Cada uno es su “auto-director” espiritual, Vivimos en una época en que ningún padre visita al médico sin antes haber buscado en Google los síntomas de la enfermedad del niño y un tratamiento recomendado. Desde el catolicismo, uno podría responder a los que se “autodirigen espiritualmente” que para comulgar necesitan ir a la Iglesia, que es el mandato de Jesús: “Tomad y comed, que este es mi Cuerpo”. Pero ellos pueden responder que les basta con hacerlo un par o tres de veces al año.
  8. La gente no ve un beneficio directo, “La gente encuentra tiempo para lo que más valora. Si encuentran tiempo para la iglesia, eso nos dice algo. Incluso entre los que dicen que aman la iglesia, incluso tu iglesia, si hay menos asistentes, es probable que sea porque no ven un beneficio directo. No le ven mucho valor a estar cada semana. Quizá hay un valor, pero no lo ven”. a veces la mala catequesis es culpable de que los católicos semi-practicantes no entiendan lo que les aporta la misa espiritualmente.
  9. Si animas a los feligreses sólo a asistir, dejarán de asistir. La Iglesia Católica ha animado a los católicos de misa dominical a intentar acudir a la misa diaria, y al jubilarse o conseguir un horario adecuado, muchos lo hacen. Así, hay bastantes católicos de misa diaria o casi diaria: pueden ser 5 o 20 en cada parroquia, pero sumando todas las parroquias es mucha gente.
  10.  Un cambio cultural en masa. La misa no puede cambiar mucho, aunque las homilías pueden mejorar, también la música y los lectores y la acogida y la decoración. Muchas cosas pueden cambiar. Insistir en el “siempre lo hemos hecho así” (que suele significar “lo venimos haciendo así desde los años 60”) no va a ayudar a mantener la feligresía en misa.

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