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Diles que les amo.

“El amor consiste no en sentir que se ama; sino en querer amar”

Por. José Álvaro Cardozo Salas.

Iniciamos una nueva semana santa o mayor, si fuiste juicioso (a) y trabajaste bien la cuaresma estas preparado para vivir y de qué manera este domingo de ramos, y el triduo pascual con todos sus ingredientes, sino lo has hecho entonces será otra semana más, quizás de vacaciones, de descanso, de sol, asados, cerveza, paseo, me dirás que una oportunidad para pasarla en familia, y “primero la familia”. Puede que tengas razón, pero lo que si te invito a reflexionar es ¿por cuantas semanas santas has pasado 20, 30?, quien sabe cuántas más. Hoy en esta reflexión te quiero llevar a descubrir cuanto nos ama nuestro buen Jesús, y me encuentro con una canción de una rapera española, ¡SI¡ leíste bien Rapera; se llama Aisha Ruah y su canción “Diles que les amo”, me sorprende ver que se acerque y de qué forma a la realidad de Jesús hoy entre nosotros, hay una clamor generalizado a vivir la dura situación en todos los rincones del planeta; no hay ningún país que quede por fuera, unos por la violencia, otros por problemas migratorios, invasiones, injusticias generalizadas que a diario nos bombardean de noticias, de muerte, eutanasia que no es más que un suicidio asistido, abandono de los abuelos y niños, gobiernos podridos en la corrupción, y entonces tu y yo nos preguntamos, ¿para dónde vamos? Y es para esto que vivimos en este tiempo tan especial de cuaresma y muy pronto la pascua. ¿Y para qué? ¿Que sacó Jesús con este acto de amor y a la vez tan trágico de su pasión y muerte?

Todos percibimos que fue por amor, entonces hago conciencia que “El amor consiste no en sentir que se ama; sino en querer amar: cuando se quiere amar, se ama; cuando se quiere amar por encima de todo, se ama por encima de todo. Si ocurre que se cae en una tentación, es que el amor es demasiado débil, no es que no haya amor.” Pero; ¿cómo irradiar este amor que siento por dentro con los demás?, ¿cómo trasladar el amor del sagrario a los que no amo, a los que a diario matan la carne y el espíritu? ¿Cómo perdonar en la des esperanza y desolación, cuando lo único que quiero es salir corriendo? Esto es cosa de machos, les confieso que es como si estuviera atravesando el desierto con el rebelde pueblo Israelita dándole vueltas y vueltas, sin ver la tierra prometida. Y quiero ejercitar la oración, en silencio (que tanto escasea) una oración profunda que me abaje a mi realidad, para darme cuenta de mi pequeñez, de mi miseria, de ser realistas y afirmar una y otra vez que sin Dios no somos nada, incluso en la oración profunda sin el auxilio del Espíritu Santo nada se logra. Hay que emplear pocas palabras, nada de grandes discursos, nada rebuscado: palabras sencillas, hay que dejar hablar al corazón; que nuestra oración sea así: larga por el tiempo que le consagramos, corta por las frases que usamos en ella, que esté hecha de gritos del corazón, repetidos tan a menudo como nuestro corazón tenga deseo de hablar, que clame a su Padre con toda libertad y toda sencillez, repitiendo las mismas palabras tantas veces cuantas experimente la necesidad. Rezaremos largo tiempo, con pocas palabras, llamando con insistentes golpes a la puerta del Sagrado Corazón de Dios”.

Para terminar esta reflexión me voy a la letra de la canción con la que inicie este escrito, de Aisha Ruah, “Agonía, humillaciones, en silencio al que maltratan, todo sufrimiento y dolor lo vence su amor. Te hablo a ti en este momento, él escucha tu clamor, si no ves salida, o piensas quitarte la vida, ahora puedes abrazar la promesa del que te cuida y mira, Maranatha, no sabemos cómo vivir. El yugo del que nos salvaste hoy nos vuelve a oprimir, comienza el Kerigma, sus estigmas son la puerta.

Para contar que, siendo Dios, te rompiste con los látigos abandonado y solo, con miedo, sin tus amigos permitiendiendo la traición en el huerto de los olivos, pero en el fondo de mí el miedo ha echado raíz. Abba, si es posible, aparta de mí este cáliz, tú sentiste primero todo lo que al humano mata. Dame el agua el agua de vida, que estoy seco, que no amo, peco repleto de heridas, aquí estoy, envíame, haz de mi lo que has pensado, tantos hijos maltratados te atraviesan el costado, del peso de la cruz caigo, no me dejo levantar, de brices beso el calvario, no paras de sangrar, pero hoy quiero cambiar, darte lo roto de mi vida, que lo uses para los demás, no para verme engrandecido. Te odian sin conocerte y otros juegan al despiste. Devuélvenos Jesús las ansias de tu Espíritu.

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