“Mientras tanto Jesús esta oculto a la sombra de José”.
Por. José Álvaro Cardozo Salas.
Esta semana el 1 de mayo se celebró conjuntamente el Día Internacional de los Trabajadores (origen cívico/sindical) y la fiesta de San José Obrero, patrono de los trabajadores. Instituida por el Papa Pío XII en 1955, esta fiesta busca dignificar el trabajo manual y ofrecer un modelo cristiano de esfuerzo y humildad. San José es visto como el carpintero de Nazaret que sostuvo a la Sagrada Familia, convirtiéndose en el ejemplo de trabajador honesto. ¿Y en qué consistía este trabajo?, para la época se trabajaba fuertemente: en el taller vivía siempre ocupado, José como artesano, es decir, según la costumbre de entonces, “constructor”, trabajaba como todos los constructores de la época, la madera y el hierro, hacía la forja y la ebanistería; trabajo apreciado en todo el pueblo, difícil, exigente, que requería exactitud disciplina y precisión “Teckton”, no era simplemente la carpintería sencilla; era la construcción de muebles, carretas, arados, herramientas, útiles de trabajo, por ende no había muchos en el pueblo, era un arte estimado y valorado por todos.
El taller de San José era importante para la vida de comunidad. Su trabajo era valorado por la dedicación, la puntualidad, la exactitud, en su trabajo nunca hubo mediocridad en el hogar de Nazaret, hasta los mas pequeños detalles se buscaba la perfección. Se sentía la presencia de Dios en la vida y en el ambiente de trabajo, que finalmente terminaba siendo una vida de oración.
Jesús aprendió el mismo arte que José; la construcción, la ebanistería la forja. El taller fue escuela para El. José le trasmitió su ciencia, su precisión, sus cualidades artísticas. Jesús fue artesano como él. El trabajo era un medio para servir a mucha gente con delicadez y eficiencia. Además, era ofrecido a Dios como un sacrificio de obediencia a su voluntad, que quería que el salvador del mundo, mientras la humanidad se sumergía en el pecado, lo salvara obedeciendo en un taller. Jesús daba a José y María, y a todos los que a él acudían, la lección de deber de estado, del trabajo humilde, de la obediencia, de la eficacia del sacrificio oculto, del trabajo ofrecido en redención. José y María aprendieron la lección de Jesús; siendo mesías se ocultaba, se sometía a ellos en todo, obedecía, trabajaba, y lo hacia bien, con amor, con alegría de servir. Era el sacrificio de alabanza del trabajo redentor. En medio de este oficio, cuantos diálogos profundos se cruzarían entre los tres, mientras María atendía la cocina o realizaba otros oficios. Cuantas preguntas a Jesús, que él respondía con profundidad y sencillez. Mientras Jesús aprendía la ebanistería, José y María comprendían más y más el misterio oculto desde los siglos en Dios, y ahora revelado por su hijo crecía de gracia en gracia hasta la plenitud.
Jesús asistía a las reuniones de familia. Por las tardes, con primos y parientes, se realizaban largas tertulias. Se hablaba, se cantaba, se danzaba. Jesús no se apartaba de la vida familiar. Amaba el compartir, se reunía con los suyos, aceptaba las invitaciones. Mas tarde lo veremos en Cana, o en casa de Simón, o de Martha y María, Zaqueo, o Mateo, en fin.
Jesús venía a transformar desde dentro toda la vida, por eso aceptaba el compartir humano y lo iluminaba con su presencia, su palabra, su atención, su delicadeza, sus detalles. Todos querían invitarlo a su casa, todos querían escucharlo, todos amaban su compartir. La vida en Nazaret era bella y Feliz. Jesús dejaría Nazaret y se iría con María a vivir a Cafarnaúm después de la muerte de José, pues la vida en Nazaret de había vuelto imposible. Durante toda su vida publica se le llamo “El hijo de José”, el carpintero de Nazaret, ¡Como se parecen ¡decían todos los que conocieron a José. “El que me ve a mi ve a mi padre” había dicho Jesús refiriéndose a su padre Dios; muchos lo entendieron como si se referirá a José; ¡Tanto se parecían¡ José murió joven, de aproximadamente 53 años tal vez, vivió una vida vivida en la cruz de la contradicción humana: consagrado en la virginidad, pero viviendo en el matrimonio; casado, pero superando las normas relacionales de los esposos para vivir en la tierra la plenitud de la voluntad divina y lo eterno del amor, renuncio a la paternidad, y hubo de vivirla a plenitud por voluntad explicita de Dios, sintiéndose pequeño e indigno, se encargo del hijo eterno de Dios y de su madre. Hijo de David y heredero del reino, viviendo desterrado y perseguido. Jesús solo se manifestará cuando José, cumplida su misión, desaparezca