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Eres más esclavo de lo que crees

Aunque no sigas la ley, igual te juzga

Edward Andrés Díaz Reina

La historia no avanza por accidente. Hay momentos que no se repiten y decisiones que lo cambian todo. Según el apóstol Pablo, uno de esos momentos ya ocurrió, y sus consecuencias siguen afectando tu vida, lo sepas o no.

“Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley.” (Gálatas 4:4)

El apóstol Pablo, al escribir a los gálatas, introduce una expresión profundamente significativa: el cumplimiento del tiempo. Esta frase no se refiere simplemente a una fecha en el calendario, sino a un momento cuidadosamente determinado por Dios dentro de su plan redentor.

Para ayudar a sus lectores a comprender esta idea, Pablo recurre a una imagen familiar para el mundo romano. En la antigua Roma, el padre tenía la autoridad absoluta para decidir cuándo su hijo dejaba de ser considerado un menor y pasaba a ser reconocido oficialmente como adulto, ciudadano y heredero legal. Este paso no ocurría automáticamente con la edad, sino por la decisión soberana del padre.

Cuando el hijo alcanzaba ese estatus, se celebraba una ceremonia solemne llamada toga virilis, mediante la cual el joven dejaba atrás su niñez y asumía plenamente sus derechos y responsabilidades como heredero.

Pablo toma esta figura cultural para explicar una verdad profunda. Así como el padre romano determinaba el momento exacto de la mayoría de edad de su hijo, Dios, el Padre, señaló de antemano el tiempo preciso en el que su pueblo estaría preparado para recibir a su Hijo. A través de los profetas anunció ese momento, y cuando el tiempo se cumplió, envió a Jesucristo.

El texto bíblico declara que Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley. Cristo, siendo el Hijo eterno de Dios y el heredero indiscutible de todo, gozaba de plena libertad junto al Padre. Él es, en sentido absoluto, el único hombre verdaderamente libre.

Y, sin embargo, en el ejercicio de esa libertad, decidió venir al mundo como enviado del Padre. Se sometió voluntariamente a las condiciones humanas y se colocó bajo las cadenas de la ley con un propósito claro: hacernos libres a nosotros, liberarnos de la esclavitud de la ley y del pecado.

En su humillación, Jesús se hizo como uno de nosotros. Nació de mujer y cargó en su propio cuerpo —manos y pies— las cadenas que nos sometían y nos condenaban. Su vida perfecta y su obediencia total marcaron el camino hacia la verdadera libertad.

Tal vez ahora te preguntes: ¿de qué ley se habla? De la ley de Moisés. Y aunque puedas pensar que no la sigues ni estás sometido a ella, la verdad indiscutible de las Escrituras es que esa ley, que es la ley de Dios, te juzga y te condena, incluso si no la conoces. Ignorarla no te exime de cumplirla.

Por eso, para estar en la presencia del Padre, solo hay dos caminos: someterse como esclavo a la ley y cumplirla a la perfección —algo imposible— o ser liberado de ella y de la esclavitud del pecado por medio de Jesucristo.

El Hijo, con su nacimiento y su vida perfecta, hizo libres del pecado y de la ley a los creyentes. No obstante, la realidad es que muchas veces hemos pecado al no vivir en la libertad a la que el Padre nos ha llamado.

En lugar de caminar en esa libertad, con frecuencia nos hemos sometido a mandamientos de hombres: reglas, obras y estructuras religiosas que se presentan como requisitos para agradar a Dios. En otras ocasiones, hemos cedido a los deseos pecaminosos de nuestra carne, permitiendo que vuelvan a dominarnos.

De este modo, regresamos a la esclavitud de la ley del pecado y de la muerte, olvidando el alto precio que Cristo pagó por nuestra libertad.

Ante esta realidad, solo queda una respuesta sincera y humilde delante de Dios:

Padre, perdónanos, porque hemos pecado.
 En el nombre de Jesús. Amén.

Que Dios nos ayude a vivir plenamente en la libertad que su Hijo vino a darnos.

Edward Andrés Díaz Reina
Comunicador Social y periodista
En Facebook: Edward Diaz
En Twitter: @edwar199
Blog: edwarddiaz199.wordpress.com
En Linkedin: https://co.linkedin.com/in/edward-andrés-díaz-reina-2858244a

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