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Hay que ser primero santos; después misioneros

“Cuánto es el amor que tiene Jesús por cada uno de nosotros: es mucho más del que podamos imaginar”

Por. José Álvaro Cardozo Salas.

Mi gran amiga Amparo Cruz de Ibagué, me llamó el domingo pasado, fue una grata sorpresa, es una gran colaboradora de las obras de Dios, la inquietud de ella tiene que ver con el artículo publicado sobre “La misión en tiempos de esperanza” y la experiencia de vida en la querida San Vicente del Caguán. El reclamo puntual es la santidad, “nos la pusiste difícil me dijo”, y me ha tenido reflexionando ese cuestionamiento que en parte es cierto, también me hago la misma pregunta ¿a ese paso finalmente quien se salva? Viene a mi mente la querida Santa Teresa de Calcuta, he procurado leer de varios autores su vida, experiencias, retos, frustraciones, de todo, y llego a la misma conclusión; “Ser santos no depende de nosotros, depende del mismo Jesús” Encuentro en ella frases contundentes que quiero compartirlas con ustedes, no solo para hacerlas vida, sino para intentar o arriesgarme a ser santo.

  1. Si estás juzgando a las personas, no tienes tiempo de amarlas.
  2. La mayor enfermedad de Occidente hoy no es la tuberculosis o la lepra; es no ser querido, no ser amado y que nadie se preocupe por ti. Podemos curar las enfermedades físicas con la medicina, pero la única cura para la soledad, la desesperación y la falta de esperanza es el amor.
  3. ¿Cuál es mi pensamiento? Yo veo a Jesús en cada ser humano. Me digo: este es Jesús hambriento, tengo que darle de comer. Este es Jesús enfermo. Este tiene lepra o gangrena; tengo que lavarle y atenderle. Yo sirvo porque amo a Jesús.
  4. Sean amables con los demás en nuestros hogares. Sean amables con los que los rodean. Prefiero que cometamos errores en la amabilidad antes que hacer milagros con crueldad. A menudo basta una palabra, una mirada, un gesto, y la oscuridad llena el corazón de los que amamos.
  5. Un sacrificio, para ser verdadero, tiene que costar, tiene que doler, tiene que vaciarnos de nosotros mismos. El fruto del silencio es la oración, el fruto de la oración es la fe, el fruto de la fe es el amor, el fruto del amor es el servicio, el fruto del servicio es la paz.
  6. Buscar el rostro de Dios en todo, en todas las personas, en todo momento, y su mano en todo acontecimiento; esto es lo que significa ser contemplativo en el corazón del mundo. Ver y adorar la presencia de Jesús, especialmente en la humilde apariencia del pan, y en la angustiosa forma de los pobres.
  7. Lo que tú haces yo no puedo hacerlo, y lo que yo hago tú no puedes hacerlo, pero juntos estamos haciendo algo hermoso para Dios, y esa es la grandeza de Dios por nosotros: darnos la oportunidad de ser santos a través de las obras del amor que realizamos, porque la santidad no es el lujo de unos pocos.
  8. Cuando un pobre muere de hambre, no ha sucedido porque a Dios no le importe él o ella. Sucede porque ni tú ni yo hemos dado a esa persona lo que necesitaba.
  9. Jesús quiere que yo les repita … cuánto es el amor que tiene por cada uno de nosotros: mucho más del que podamos imaginar… No sólo nos ama, mucho más: nos anhela. Nos echa de menos cuando no estamos cerca. Tiene sed de nosotros. Nos ama siempre, incluso cuando no nos sentimos dignos de ello.

Estas reflexiones hacen que aterrice mi sentimiento de ser santos, al final no somos mas que un puñado de malas decisiones, pensamientos, acciones, un cumulo de ofensas, de faltas de perdón y olvido, de egoísmos, soberbias, que rebosan mi intento por ser distinto. Allá en San Vicente al terminar una de mis charlas, se acercó un hombre con su hija adolescente, me dijo “Me he quedado por la reflexión del perdón”, mi papa clama el perdón de un hijo que abandono a muy temprana edad y este no quiere saber nada de él, ¿qué hacer entonces? Seguir intentándolo le respondí, llegará un momento en que acceda a hablar y ahí pedirás perdón, si te lo concede ganaste a tu hijo, sino Dios es testigo fiel de lo que hay en tu corazón, así que ánimo, así se va tejiendo la santidad, día a día, momento a momento, teniendo en cuenta que el amor todo lo puede, todo lo espera, todo lo soporta y todo lo perdona.

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