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Hijos de Dios por la fe

La libertad que nace de creer en Cristo y no de cumplir la ley

En una de sus cartas más conocidas, el apóstol Pablo reflexiona sobre un tema que sigue siendo relevante hoy: la libertad. No se trata de una libertad sin límites, sino de una vida transformada que ya no depende del cumplimiento de reglas para agradar a Dios, sino de una relación basada en la fe.

Para comprender su mensaje, es importante tener en cuenta el contexto en el que fue escrito.

“Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gálatas 3:26)

En el pasaje, Pablo ha venido hablando de la ley de Dios y deja algo muy claro: los creyentes ya no están bajo su dominio. A continuación, explica la razón de esta afirmación.

El apóstol describe la ley como un pedagogo, es decir, un tutor o cuidador. Su función era disciplinar al pueblo, enseñarles cómo debían comportarse y guiarlos hasta Cristo, el verdadero Maestro.

En la época del apóstol, los pedagogos eran los encargados de disciplinar a los hijos de sus amos. Los niños permanecían bajo su cuidado y autoridad hasta que alcanzaban la madurez. Una vez que crecían, ya no necesitaban de ese tutor.

Las iglesias de Galacia estaban en riesgo de volver a someterse a un sistema de reglas religiosas, como si todavía dependieran de la ley de Moisés. A estas personas Pablo les recuerda que ya no están bajo ese pedagogo, porque por la fe en Cristo Jesús han llegado a ser hijos de Dios.

A lo largo de todo el capítulo tres de la carta a los Gálatas, el apóstol insiste en una verdad central: las promesas hechas a Abraham no se heredan por cumplir la ley, sino únicamente por la fe.

En términos de herencia, mientras el heredero es niño no puede disponer de lo que le pertenece. Está bajo la autoridad de tutores y cuidadores, y solo cuando madura puede tomar posesión de su herencia.

Lo que Pablo quiere comunicar es que los creyentes, por la fe en Cristo, somos como esos herederos que han alcanzado la madurez espiritual. Podemos recibir la herencia que Dios promete, no por obedecer la ley, sino por confiar en Cristo.

Por la fe en Cristo, los creyentes somos hijos maduros y libres. No actuamos por obligación, sino por amor. No necesitamos ser forzados a hacer lo que Dios ha ordenado; lo hacemos libremente, guiados por la influencia del Espíritu Santo.

Tampoco necesitamos que se nos impongan nuevas leyes religiosas, como aún ocurre en algunas iglesias hoy.

Los cristianos somos hijos de Dios y vivimos en libertad.

Estimado lector, si en el lugar donde te congregas te imponen obras o reglas como condición para agradar a Dios, es importante reflexionar. La labor de las iglesias y de sus líderes es enseñar, cuidar y acompañar al pueblo de Dios, no convertirlo en esclavo de normas humanas.

La fe verdadera produce obediencia, pero siempre desde la libertad.

¡Dios te bendiga!

Edward Andrés Díaz Reina
Comunicador Social y periodista
En Facebook: Edward Diaz
En Twitter: @edwar199
Blog: edwarddiaz199.wordpress.com
En Linkedin: https://co.linkedin.com/in/edward-andrés-díaz-reina-2858244a

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