Dos fuerzas se enfrentan dentro de ti: ¿Cuál está guiando tu vida?
Edward Andrés Díaz Reina
En la vida cristiana existe una lucha constante entre lo que agrada a Dios y los deseos pecaminosos de nuestra naturaleza humana. Cada día enfrentamos la decisión de seguir la dirección del Espíritu Santo o ceder a los impulsos de la carne. En este pasaje, el apóstol Pablo nos recuerda cuál es el camino que conduce a una vida que honra al Señor.
“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisierais. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.” (Gálatas 5:16-18)
En las iglesias de Galacia existía un conflicto causado por aquellos que predicaban la salvación por obras. Según Gálatas 5:15, los hermanos de esta iglesia se estaban devorando unos a otros.
El amor del que el apóstol, en otro tiempo, fue beneficiario ya era cosa del pasado. Así ocurre cuando las personas y las congregaciones se alejan de Cristo: el Espíritu Santo y sus frutos comienzan a desaparecer de sus vidas. El amor es un fruto del Espíritu Santo; por eso, cuando los gálatas se apartaron del evangelio, el amor se debilitó y la carne afloró.
Las peleas, las herejías, los adulterios, las fornicaciones y otros pecados son obras de la carne que se oponen al Espíritu (Gálatas 5:19-21), quien busca agradar a Dios y guiarnos a vivir en amor los unos por los otros.
Por eso Pablo invita a los hermanos de Galacia, y también a nosotros, a permanecer en el Espíritu y no satisfacer los deseos de la carne. ¿Cómo se logra esto? Exponiéndonos constantemente a la lectura y a la predicación de la Palabra de Dios, porque las palabras del Señor son espíritu y vida (Juan 6:63).
Mi estimado lector, ¿vives tú en el Espíritu y combates los deseos de tu carne? ¿Te expones con frecuencia al evangelio por medio de la lectura de la Palabra y de la predicación? ¿O eres de los que viven para satisfacer los deseos de la carne?
Si vives para la carne, arrepiéntete. Recuerda que quienes practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
Pero si eres de los que han creído en Cristo como Señor y Salvador, esfuérzate por vivir en el Espíritu y pide perdón por las veces en que has dado lugar a la carne.
¡Que Dios te ayude!
Edward Andrés Díaz Reina
Comunicador Social y periodista
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