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La des-vergüenza Católica.

“La sed de Dios es infinita, llego el momento de vivirla a plenitud”.

Por. José Álvaro Cardozo Salas.

Durante décadas, la norma cultural dominanteen buena parte del mundo secularizado fue el “catolicismo discreto”: quien creía, creía en privado; quien iba a misa, lo hacía sin nombrarlo demasiado; quien hablaba de Dios, lo hacía en círculos reducidos o en clave cultural, no confesional. La fe era tolerada siempre que no reclamara visibilidad. A esta dinámica la investigación sociológica le llamó la privatización moderna de la religión. Este fenómeno se conoce hoy como des-vergüenza católica en la medida en que consiste en un abandono del pudor que hace décadas presentaba la fe como algo anticuado, frágil, vergonzante o intelectualmente sospechoso. Algunas muestras de este recuperado catolicismo se caracterizan por haber perdido la vergüenza ante el qué dirán. El católico ya no pide permiso para serlo, ni se disculpa por creer; participa, canta, se expone, convoca, se reúne, contagia. Si en los 70-90 lo contracultural era dejar de practicar, hoy ir a contracorriente es mostrar las creencias con naturalidad visible, no con nostalgia ni con un tono defensivo, sino como quien ha realizado un hallazgo que desea compartir. Un hallazgo a menudo causado por una súbita conversión.

Desde hace unos años he seguido con cierta expectativa las jornadas mundiales de la juventud, la ultima en el 2023 en Portugal y me sorprende ver tanto joven entusiasmado en las celebraciones, portando sus camisetas alusivas a estas jornadas, rezando el rosario en el metro, o en las grandes vigilias, a campo abierto, este año del jubileo se celebro uno para los jóvenes en Roma digamos que un encuentro sorpresa no tan programado, y aun así pleno en participación la vigilia en el área de Tor vergata con miles de jóvenes, me cuenta un sacerdote amigo que el momento mas especial fue en la adoración, estos jóvenes de rodillas en completo silencio, con los ojos cerrados y algunos cargados en lagrimas, verdaderamente emocionante y además conmovedor. Uno de los rasgos centrales de esta nueva des-vergüenza católica es la recuperación de prácticas públicas que habían quedado relegadas al ámbito íntimo y privado. La adoración eucarística, por ejemplo, ha pasado de ser un ejercicio minoritario de piedad a convertirse en un signo unificador de multitudes. Y no solo en templos, sino en grandes auditorios, estadios, o incluso transmisiones digitales que reúnen a miles de personas conectadas. Las procesiones del Corpussalen a la calle, peregrinan, encabezadas por un sacerdote con Cristo en la custodia.

El eucharistic revival en Estados Unidos confirma esta tendencia: y el redescubrimiento catequético de la presencia real de Cristo en la eucaristía. Y todo ello entendido no como rito privado, sino como testimonio público positivo, atractivo. Y sobre todo alégre. Cada peregrino deja de ser individuo errante y se convierte en cuerpo visible, parte de un “nosotros” que se deja ver sin pudor. ¿Qué significa realmente esta des-vergüenza? No estamos simplemente ante una moda religiosa ni ante un retorno a la cristiandad sociológica dirigida por la costumbre y la inercia. 

Recapitulemos: el fenómeno tiene tres dimensiones profundas: 

  • El católico ya no se define por una negación del presente sino por una afirmación gozosa;
  • La fe deja de vivirse en el reducto individual y se expresa en un cuerpo colectivo: canto, fiesta, rito, marcha.
  • Surge un tono no defensivo, sino jubiloso: creer no da vergüenza -es la interpretación que proponemos-, sino que da alegría. 

Ahí tenemos servido un nuevo renacer espiritual que no se encaja solo en las generaciones viejas o forzadas a llevar su fe en el silencio o con cierta vergüenza. La sed de Dios es infinita, llego el momento de vivir la fe a plenitud, con una vida de oración y entrega a la voluntad divina, que nos enriquece con su amor y su ternura, son más las cosas por descubrir en la caricia de Dios, en la vida de contemplación de un Dios que se queda con nosotros todos los días, nos acompaña en nuestra jornada, cuando vamos al sagrario en las iglesias o en las capillas o los oratorios, se siente la plenitud, la paz, que tranquilidad, el alma entra en reposo, en un estado de emocion tan infinito, en la confirmación del amor, del que nos amó primero, del que quiere que le amemos y nos busca con infinita intensidad, ¿acaso no lo persibimos? ¿acaso no sentimos su cercania? ¿Su perfume? Qué más se necesita para que te convenzas; de una vez y por todas que sin él no llegamos a ninguna parte, debo confesarles que en mis años de imponente juventud muchas veces erraba en mi camino, y cuando me daba cuenta; penosamente tenía que regresar desde donde me perdía y retomar el camino, hoy bendigo a todos los que han pasado en el transcurso de mi historia, los que me han amado, y tambien los que me han odiado, gracias a ellos, puedo descubrir el rostro amoroso de nuestro Señor, con el firme proposito; no solo de perdonar, sino tambien de olvidar, ¡que reto¡ así se nos pasa la vida, tan corta, tan rapído, que apenas nos detenemos para tomar aire y seguir. Hoy te invito hacer un alto en el camino, tómate una tarde “libre”, un fin de semana para un retiro espirtual, ojala donde el ruido no te alcance, y ten ese encuentro esperado, con quien tanto te ama. Todavia estas a tiempo.

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