Un mal almacenamiento puede hacer que sus jugos entren en contacto con otros alimentos.
Sábados de Vida Saludable
Guardar la carne apenas se llega del supermercado o de la carnicería parece una tarea sencilla, pero la forma en que se almacena dentro de la nevera puede marcar la diferencia para evitar la contaminación cruzada.
El problema no está necesariamente en utilizar una bolsa plástica, sino en mantener la carne cruda en un empaque que pueda romperse o permitir que sus líquidos se derramen sobre otros alimentos.
Los jugos de la carne cruda pueden contener microorganismos que, al entrar en contacto con verduras, lácteos o alimentos listos para consumir, pueden trasladarse de un producto a otro.
El peligro de los derrames
Las bolsas convencionales pueden perforarse con los huesos de algunas piezas de carne o romperse cuando se colocan debajo de otros productos. Una pequeña filtración dentro de la nevera puede terminar contaminando alimentos que ya están listos para comer.
Entre los microorganismos que pueden encontrarse en alimentos crudos están bacterias como Salmonella y E. coli, por lo que una de las principales recomendaciones es mantener la carne separada del resto de los productos.
La temperatura también cumple un papel importante. El refrigerador debe mantenerse a 4 °C o menos, mientras que el congelador debe estar aproximadamente a -18 °C.
Pero mantener una temperatura adecuada no es suficiente. También es importante revisar el estado del empaque y ubicar la carne en un lugar donde una posible filtración no pueda alcanzar otros alimentos.
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¿Cómo almacenar la carne de manera segura?
Una alternativa práctica es utilizar recipientes herméticos que puedan contener los líquidos de la carne. También pueden utilizarse bolsas con cierre diseñadas para almacenar alimentos.
La carne cruda debe permanecer separada de los productos que ya están listos para consumir. Una buena opción es colocarla dentro de un recipiente cerrado y ubicarla en una zona baja de la nevera, donde un posible derrame no alcance otros alimentos.
Si la carne no será preparada próximamente, puede congelarse utilizando un empaque adecuado. En estos casos, marcar el paquete con la fecha de almacenamiento ayuda a llevar un mejor control.
Además, algunos empaques originales pueden permitir el paso de aire durante periodos prolongados en el congelador, lo que puede afectar la calidad del producto y favorecer la aparición de quemaduras por congelación.

El tiempo de conservación en refrigeración depende del tipo de carne. Por eso, cuando no se tenga previsto consumirla pronto, congelarla correctamente puede ser una alternativa para conservarla durante más tiempo.
La recomendación, entonces, no es eliminar las bolsas plásticas de la cocina, sino utilizar empaques adecuados, mantener la cadena de frío y evitar que los líquidos de la carne cruda entren en contacto con otros alimentos.
Pequeñas medidas al momento de guardar el mercado pueden ayudar a reducir el riesgo de contaminación cruzada y a conservar mejor los alimentos.
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