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La lista que puede condenarte

Tus acciones muestran quién te gobierna.

Edward Andrés Díaz Reina

La Biblia nos advierte que las acciones y actitudes que nacen de una vida alejada de Dios tienen consecuencias eternas. Por ello, el apóstol Pablo presenta una seria exhortación a los creyentes, llamándolos a examinar su conducta y a permanecer firmes en la gracia de Cristo.

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19-21).

En este pasaje, el apóstol Pablo nos invita a reflexionar sobre si estamos viviendo conforme al Espíritu o conforme a la carne. Para ello, presenta una lista de pecados que son el resultado de una vida alejada de la guía divina, y enfatiza que quienes practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

Para comprender mejor esta enseñanza, podemos organizar estos pecados en cuatro grupos.

El primero abarca la inmoralidad, la impureza y la indecencia, pecados estrechamente relacionados con actividades sexuales ilícitas. La inmoralidad se refiere a las relaciones sexuales fuera del matrimonio; la impureza incluye pensamientos, palabras y deseos pecaminosos; y la indecencia se manifiesta en la falta de dominio propio, reflejada en comportamientos obscenos o provocativos que carecen de moderación.

El segundo grupo comprende la idolatría y la hechicería. La idolatría no se limita a la adoración de imágenes, sino que incluye cualquier práctica o prioridad que desplace a Dios del lugar central que le corresponde. Tanto la idolatría como la hechicería conducen al ser humano a apartarse del Señor y a depositar su confianza en falsos dioses.

El tercer grupo se relaciona con la rivalidad y la contienda. Aquí encontramos pecados como las enemistades, los pleitos, los celos, los arrebatos de ira, las disensiones, las herejías, las envidias y los homicidios. Estas obras de la carne destruyen la paz a la que el Señor nos ha llamado y producen división, conflicto y sufrimiento entre las personas.

Finalmente, encontramos las borracheras y las orgías. En el contexto de Galacia, muchos paganos participaban en fiestas desenfrenadas asociadas a la adoración de sus dioses, donde el abuso del alcohol y la inmoralidad sexual eran prácticas comunes.

Los creyentes debían oponerse a todos estos vicios de la carne, y eso solo era posible permaneciendo en el Espíritu. De esta manera evitarían caer en tales pecados y ofender a Dios.

Lo mismo debemos hacer nosotros hoy. Debemos esforzarnos por permanecer en el Espíritu mediante la lectura de las Escrituras y la exposición constante a la predicación del evangelio (Colosenses 3:16; Efesios 5:18-19). Así podremos resistir las prácticas inmorales y pecaminosas que Pablo menciona en este pasaje.

Frente a esta realidad, la reflexión nos invita a examinar nuestra propia lucha por permanecer en el Espíritu. Si reconocemos que hemos caído en alguno de estos pecados, debemos acudir al Señor en arrepentimiento, pedir su perdón y rogarle que nos conceda la fortaleza necesaria, tanto para querer como para hacer su voluntad (Filipenses 2:13). Solo así podremos permanecer firmes en una vida guiada por el Espíritu y agradable a Dios.

Edward Andrés Díaz Reina
Comunicador Social y periodista
En Facebook: Edward Diaz
En Twitter: @edwar199
Blog: edwarddiaz199.wordpress.com
En Linkedin: https://co.linkedin.com/in/edward-andrés-díaz-reina-2858244a

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