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La memoria en el espejo

Una mirada al alma que el espejo no puede revelar

Wendy Nagely Camacho Prada

Hoy, frente al espejo, antes de emprender nuestra salida al trabajo o a la escuela, contemplamos nuestras facciones influidas por los años que transcurren sin pausas ni remordimientos. Nuestro rostro es el frenesí del tiempo que en su angustia de perderse a sí mismo nos marca de manera indeleble, año tras año aparecen en él vestigios que dan cuenta de nuestra vida tranquila o enturbiada.

El espejo es memoria. Ir más allá de la piel en el espejo es un hecho sustancial.  Forjamos ideas sobre el “yo” que se enfrenta a su figura estampada en el tiempo del espejo. Tiempo infinito que, en el transcurso de los días, nos enfrenta a la encrucijada de la pregunta que nos invitaron a desarrollar con amplitud en el colegio: ¿Quién soy yo?

Oscar Wilde, en El retrato de Dorian Gray, dice que definir es limitar, por lo que no existe diccionario, buscador, inteligencia artificial o enciclopedia en el mundo, que responda aquella pregunta. De tono existencial, dramático, pero importante para disertar.  Sin embargo, sumergidos en los quehaceres cotidianos nos alejamos de autoconocernos, de explorar nuestras habilidades, carismas, valores, para aportar de manera significativa al fortalecimiento de la vida en el planeta. A pesar de tener claras nuestras ocupaciones, compromisos, quizás para algunas personas obligaciones, además de tener una agenda o planner dispuesto a ayudarnos a cumplir objetivos, nos olvidamos de nosotros.

Autoconocimiento implica ver hacia adentro, observarse. Un procedimiento de larga duración que nos acerca más a la felicidad. Nos descubrimos. Emergen nuestros deseos, contradicciones, luces y sombras. Descubriéndonos con paciencia, podemos conocer y comprender al otro en su esencia, quien es el espejo al que nos arriesgamos a palpar a través de la conexión visual. Transmite comportamientos, lenguaje no verbal, historia que es pasado en latencia, porque el corazón sigue con sus aciertos y desaciertos. Irradia emociones, estados de ánimo, comparte energía; por eso en ocasiones expresamos frases como “su energía es pesada”, “su energía es tranquila”, porque como dice la ley de conservación de la energía: la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma.

Si se transforma la energía hallada en el movimiento (cinética) a la que se encuentra presente en la altura (potencial) y viceversa, sería posible pensar que el ser humano respecto de otro es energía en movimiento y transformación, es una impronta transmitida a la humanidad.

La memoria en el espejo es importante, pero observarnos en la mirada del otro es trascendental; ir más allá de las palabras o un roce de la piel, observar el alma. Fortalece nuestra identidad como individuos y colectividad, en un espacio cada vez más disgregado por la distancia que genera la web. Crear conexiones y desconexiones, cosmovisiones que compartimos y recibimos de vuelta, son grandes placeres que edifican la sociedad. Aun así, aunque avanzamos con la tecnología y las comunicaciones, a la vez, estamos incomunicados, nos distanciamos de vivir y convivir, en medio del caos en expansión que somos.

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