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La misión en tiempos de esperanza.

“Hay que ser primero santos, y después misioneros”.

Por. José Álvaro Cardozo Salas.

El pasado fin de semana arrancamos una pequeña aventura junto con mi esposa y dos amigos más; una pareja de esposos diáconos permanentes Ruben y Marcela Osa, atendiendo una invitación del obispo Monseñor William Prieto Daza en la bella San Vicente del Caguán, una ciudad que dista de Florencia la capital del Caquetá a 155 kms o 3 horas de camino. Una tierra marcada por el estigma de ser la puerta de una extensa zona que en el pasado se reservó la guerrilla y el gobierno para las negociaciones de paz del presidente Andrés Pastrana, un área de grande de 42000 kms cuadrados. Paz que al final resulto frustrada como tantos otros intentos, recordemos los diálogos de la Uribe en 1984, Tlaxcala México en 1992, Maguncia Alemania 1998, el pacto de Chicoral en 1972 en el Tolima, incluso las largas negociaciones con otros grupos en otros países, en Noruega en Oslo, Caracas Venezuela, La Habana Cuba, y otros más.

Nuestro viaje era con otro objetivo, promover la adoración eucarística en estas tierras, sembrar la semilla para la conquista de almas adoradoras y fortalecer la pastoral de la familia en estos territorios de misión de otras comunidades que hace más de 60 años llevan abriendo brechas en estas tierras con historia de conquista, de complejas situaciones sociales, abandono del estado, sin infraestructura, y con un desarrollo marcado por el trafico de cultivos ilícitos, armas, minería ilegal, y quien sabe que cosas más. San Vicente del Caguán es una pequeña diócesis en tamaño de parroquias y de sacerdotes (16), pero lejos entre sus largas extensiones de tierra entre una parroquia y otra. Cargada de historia de hermanos italianos, colombianos y muchos hombres y mujeres nativos, migrantes colonizadores y misioneros buscadores de la “comunidad de vida” entre los pequeños pueblos y la inmensa selva en un bioma salvaje, variado, maravilloso, misterioso y revolucionario. Caquetá, Putumayo; ríos, tierra y territorios intendencias, departamentos jurídico- administrativos, prefectura apostólica primero, vicariato apostólico después, diócesis y ahora Arquidiócesis.

Mis amigos partieron a Cartagena del Chaira a 171 kms de San Vicente a reunirse con 30 parejas de esposos, ha sumergirse en una jornada de reflexión en torno a la familia como célula madre de la sociedad, Monseñor Wiliam Prieto y el padre Nelson Párraga acompañaron el proceso, mientras nosotros (mi esposa y yo) nos quedábamos en la Catedral parroquia de Nuestra señora de las Mercedes animando las comunidades para abrir su primera Capilla de adoración al santísimo con el auspicio del párroco José Ricardo Ramírez.

La participación de los fieles fue generosa, la sed de Dios se ve en sus miradas, en los abrazos, en las palabras, se necesitan misioneros de verdad no solo a llevar la palabra de esperanza, que nos lleve a pensar en tantos jóvenes que necesitan una orientación, un llamado, tantos grupos podrían darnos un apoyo y crecer la formación en distintas áreas de la vida parroquial, ministros lectores, de la comunión, agentes de evangelización que urgen de formación para llevar la buena nueva a tantos rincones de esta tierra sedienta y hambrienta del pan de la palabra y de la eucaristía.

Así pasaron nuestros días conociendo a sus gentes, su comida, sus atenciones, y su cariño, valorando el esfuerzo de la visita por estas zonas marcadas por la desigualdad y la urgente necesidad de conocer mas de la fe de nuestra iglesia.

Nos regresamos con más ganas de volver, de acompañar a su obispo y sacerdotes, hay mas comunidades religiosas, los Consolatos, los hermanos de la Salle, y otros que también hacen un trabajo meritorio.

Encuentro fascinante la oportunidad de servir a Jesús en territorios inhóspitos, llevando su palabra, su perfume, pidiéndole a Dios envíe más obreros a su mies, dispuestos no solo a servir, también a ganar almas para la misión, que pareciera por lo que vimos que apenas empieza. Gracias Monseñor, por llevarnos a conocer y entender las palabras del maestro, “id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda creatura” … (Marcos 15-18)

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