PUBLICIDAD POLITICA PAGADA

La oración en la vida del adorador.

¨De la que mas disfruto es la de adoración, porque incluye una dosis de silencio algo desesperante¨.

Por. José Álvaro Cardozo Salas.

La oración siempre será un punto neural en la vida del cristiano, es como respirar, o el latir del corazón, la oración es vida, robustece el alma, el espíritu, y nos sostiene ante las adversidades, desde la tierna  infancia nuestros padres y profesores se encargaron de ir formando ese ideal de oración, con las oraciones tradicionales como el padre nuestro, ave María, credos y demás bellas obras construidas incluso por el mismo Cristo, y muchos santos que inspirados por el Espíritu Santo fluyeron de acuerdo a las circunstancias por las que vivían. La oración es nuestra respuesta a Dios quien nos habla, o mejor aun, se revela él mismo a nosotros. Por lo tanto, la oración no es simplemente un intercambio de palabras, sino que involucra al ser de toda la persona en una relación con Dios Padre, a través de su hijo y en el Espíritu Santo.

Hay varios tipos de oración, de bendición o adoración, de petición, de intercesión, de acción de gracias y la de alabanza. De las que mas disfruto es la de adoración, porque incluye una dosis de silencio algo desesperante, pero que al final termina siendo necesaria e indispensable, por una simple razón, Dios solo se comunica en el silencio, con una mirada, con la escucha bien afinada, y lo que me tardó años aprender a contemplar. En cierta ocasión cuando vivía en Funza una ciudad vecina a Bogotá, estaba muy cerca de la pista del aeropuerto El Dorado, una tarde de domingo me fui con mi esposa e hijos, y por horas vimos aterrizar unos 60 aviones, uno a uno, contamos cuantos de ellos aterrizaban por minuto, por horas y hasta por días, ver la habilidad de los pilotos de bajar 600 toneladas que pesa un avión, ese ejercicio que aparentemente no tiene nada que ver con la oración ,despertó la habilidad de la observación, cada pequeño detalle cuenta, y con Dios todos los detalles son importantes, un Dios de las cosas sencillas, de lo humilde y sencillo.

Debemos orar con humildad, no para ser vistos por otras personas, sino buscando la intimidad con él, solo con la única intención que el mismo Dios nos escuche. Debemos orar con sinceridad y entendimiento, no con palabras fingidas o vacías, que no entendamos, o sintamos, sino sintiendo y comprendiendo realmente lo que decimos de forma genuina. Orar con arrepentimiento examinándonos cada uno así mismo y siendo honestos ante Dios, no con orgullo ni auto justificándonos, sino confesando nuestras propias caídas nuestros errores, alejándonos del pecado encaminados a la santidad y a la justicia divina.

Orar con la mirada puesta en las cosas de arriba no con la mente en el mundo, sino quitando los ídolos de nuestro corazón y buscando dejar siempre atrás lo mundano de la vida aquí en la tierra. Orar conforme a la voluntad divina, no siendo sabios en nuestra propia opinión ni confiando en nuestro propio entendimiento, sino recordando que Dios tiene un mejor plan para nosotros, ya que él lo sabe todo, pidiendo conforme a las enseñanzas de Cristo y su verdad, orar con la intención de amar y ayudar a otros en especial a los mas necesitados, recordemos que vamos a ser juzgados por el amor. Orar con fe en Dios, no dudando de nada, teniendo la confianza en que él nos va a responder porque es bueno, poderoso, compasivo y fiel para cumplir sus promesas. Orar con perdón, concediéndolo a todos aquellos que nos han dañado lastimado, dejando atrás los rencores, las deudas y resentimientos del pasado, teniendo la misma misericordia que hemos recibido de parte de Dios.

Orar con misericordia y compasión por los demás, no con indiferencia sino con empatía, ayudando al mismo tiempo a cuantos podamos, acordándonos de los pobres y extendiéndoles la mano a quienes la necesitan. Orar con insistencia perseverancia, no con impaciencia ni por capricho, sino constantemente y sin desmayar, sin cansarnos sin desistir, continuando hasta que él nos responda a su tiempo. Orar con determinación no de forma tibia o vacilante, sino haciendo un esfuerzo para seguirle a donde él nos guie y por obedecer y cumplir las buenas obras que el prepara para que lo hiciéramos de ante mano. Orar con amor tratando a nuestro prójimo como queremos ser tratados, no maltratando condenando ni menos preciando a nadie, sino dando la honra y respeto a todos cómo la creación a imagen y semejanza de Dios que son. Orando dejándonos guiar por el Espíritu Santo no confiando en nosotros mismos, ni en nuestras propias habilidades, métodos y fuerzas, sino dejando planamente nuestra vida en sus manos y hablando como él indica y muestra, creciendo en su conocimiento.

Debemos orar con gratitud sin quejarnos de nuestra vida ni la de los demás, sino agradeciendo lo que Dios nos ha dado y lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz y el alto precio que pago para darnos vida y demostrarnos cuento nos ama. Así podríamos pasarnos mas tiempo dando tips de nuestra forma de comunicarnos con Dios, lo importante es entender que, así como es mi calidad de oración, es mi calidad de relación con el creador, toca trabajar ahondar y conocer mas lo que debemos amar mas, a Dios.

Comparte esta noticia:

PUBLICIDAD POLITICA PAGADA