“Dios es amor y el que permanece en el amor permanece en él”. (1 Juan 4, 12).
Por. José Álvaro Cardozo Salas.
Celebramos hoy quizás una de las fiestas más importantes de la historia de la fe cristiana, “La venida del Santo Espíritu de Dios” justo en el día de las fiestas judías de las primicias o del pentecostés, y es tan significativo que literalmente parte la vida o la historia de la iglesia católica en dos. El mismo Jesús durante estas últimas lecturas del evangelio nos ha venido advirtiendo la necesidad de su partida al cielo (ascensión) y la venida del Paráclito, el verdadero Espíritu de Dios.
Y es que nos embolatamos con la palomita del bautismo de Jesús en el Jordán; cuando Juan el Bautista hizo su rito del bautismo con el agua, al cual se sometió el Señor. Pues quiero decirles que el Espíritu santo de Dios no es una Paloma; “Es una persona” nada menos que la tercera persona de la santísima trinidad, Dios es uno y a la vez trino, y en Dios todo es trinidad, que gran misterio este.
Es una persona olvidada y poco aprovechada, pero que leyendo el libro que escribió Lucas en los hechos de los apóstoles, también conocido como el libro del espíritu santo, y nos narra de una manera bellísima como estos apóstoles, acobardados por la muerte in misericorde de su Mesias, encerrados de miedo, y terror en correr la misma suerte, se dedican a orar, y orar incesantemente, invocarlo por días, noches, en silencio, en la concentración necesaria para que sea efectiva su venida, es necesario nosotros también hacer lo mismo, llamarlo permanentemente, que bueno poderlo tener por consejero, no hacer absolutamente nada sin consultarlo con él. Creo que no podríamos mover una caja sin su inspiración, ninguna idea brillante viene de nosotros sino es por su auxilio y gracia, así que esta persona es digna de adoración, digna de invocarle y lo más importante de ser dócil a su voluntad.
La trinidad mis amigos es TODO, sin ella no somos nada, la misma eucaristía es trinidad absoluta, se adoran las tres personas en la dimensión más bella del amor, es darse sin medida, es aceptar que Dios es amor, y que a la vez tiene que proyectarse al amor propio de nuestro prójimo, y en especial a los más necesitados, “los pobres”. Nadie ha visto nunca a Dios: sinos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros. Dios es amor y el que permanece en el amor permanece en él. (1 Juan 4, 12).
Son tres amores distintos pero inseparables, incluso en los casos en que la relación con Dios no es explicita, el señor mismo nos enseña que todo acto de amor hacia el prójimo es de algún modo un reflejo trinitario de la caridad divina. “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” (Mt 25, 40). así que ya tenemos tarea, iluminados por el Paráclito, que les aseguro no podemos hacer nada, así que acudamos a su patrocinio, con la misma frecuencia y fe como la hacemos con las otras dos personas de la trinidad.
Hace dos semanas fui invitado por la comunidad de los hijos de la Madre del servidor a la republica dominicana, esta comunidad de origen colombiano llamada La Inmaculada Concepcion, gracias a un instrumento bellamente escogido Sr. Lino Sevillano (Ya fallecido) a través de unas revelaciones privadas consignadas en unas actas actualmente cuenta con más de 40 sacerdotes ordenados, en varios países, con una obra de admirar del movimiento laical llamada la Espiritualidad trinitaria de los hijos de la Madre de Dios, donde cientos de laicos se reúnen a orar, interpretar la voluntad de Dios. En una de las homilías del padre Hebert Trujillo sobre la trinidad, nos hacia una reflexión sobre un cuadro pintado por el pintor Andréi Rubliov llamado la trinidad, fue pintada en Rusia aproximadamente entre 1410 y 1427, pertenece a la tradición de los iconos ortodoxos rusos, tan desconocidos por Occidente. La obra original se conserva en la Galeria Tretiakov, la pintura muestra a los tres ángeles que visitaron a Abraham en el relato bíblico del Genesis 18, pero en la tradición cristiana ortodoxa simbolizan, El Padre, el hijo y el Espíritu Santo, es considerada una de las obras maestras mas importantes del arte religioso cristiano oriental. Hoy mi invitación es a pensar en esa tercera persona, a veces olvidada por nosotros, para que nos dejemos interpelar por él, en su amor, y ternura.