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Llamados a vivir en libertad

La exhortación de Pablo a los gálatas para no volver a la esclavitud del pecado

Desde los primeros años de la iglesia cristiana, muchos creyentes tuvieron que enfrentar una tensión importante: comprender que la salvación viene por la gracia de Dios en Cristo y no por el cumplimiento de la ley. Este fue precisamente el problema que el apóstol Pablo abordó en su carta a los gálatas. Algunos estaban intentando volver a un sistema de salvación basado en las obras de la ley, olvidando la libertad que habían recibido en Cristo. En ese contexto, Pablo escribe palabras cargadas de preocupación pastoral y de profundo amor por aquellos a quienes había anunciado el evangelio.

“Os ruego, hermanos, que os hagáis como yo, porque yo también me hice como vosotros. Ningún agravio me habéis hecho” (Gálatas 4:12).

Para ser más directos, lo que Pablo está diciendo es: “Sean como yo”. Si esta frase se entiende de manera equivocada, alguien podría pensar: “¡Qué orgullo el de Pablo! ¿Quién se cree?”, o lanzar otras expresiones que descalifiquen lo que el apóstol ha dicho.

Sin embargo, si al leer este pasaje tenemos en cuenta que la finalidad de la carta a los gálatas es lograr que abandonen la ley como medio de salvación (salvación por obras) y vuelvan a Cristo, entenderemos mejor el sentido de sus palabras. El apóstol les está diciendo que hagan lo mismo que él hizo: dejar atrás la dependencia de la ley para abrazar plenamente el evangelio de la gracia.

La ley de Moisés era bastante estricta respecto a los alimentos que podían o no comer. Los alimentos prohibidos se consideraban impuros, y también se consideraba impuros a quienes los comían. Por esta razón, para muchos judíos los gentiles, como los gálatas, eran vistos como impuros debido a sus costumbres alimentarias. Con el tiempo, las interpretaciones rabínicas, en su intento de preservar la pureza judía, llegaron a prohibir comer con gentiles, entrar en sus casas e incluso compartir utensilios con ellos.

A todas esas normas estaba sujeto Pablo como judío. Sin embargo, decidió despojarse de ellas, y en general de toda dependencia de la ley mosaica como medio de justificación, para poder predicar el evangelio a los gálatas. Ellos, después de conocer a Cristo y de haber sido liberados por Él de la esclavitud al pecado, estaban comenzando a someterse nuevamente a la ley, la misma que el apostol había dejado atrás para poder anunciarles el mensaje de salvación en Cristo. Por eso ahora les dice: “Sean como yo”.

Esta frase es, en realidad, un llamado y una súplica del para que vivan en la libertad cristiana.

En otro pasaje Pablo expresa una idea muy similar cuando dice: “Sean imitadores de mí, como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1). Por lo tanto, más que fijar nuestra mirada en el escritor de Gálatas, debemos mirar al Hijo. Sigamos a Cristo y vivamos en la libertad a la cual Él nos ha llamado.

Estimado lector, si tu fe está puesta en Cristo como el Señor y Salvador de tu vida, eres libre del pecado por medio de su sangre. Esfuérzate, con la ayuda del Espíritu Santo, por vivir en esa libertad y no volver a caer en la esclavitud del pecado.

Pero si has caído en la tentación, si has sucumbido ante algún pecado, arrepiéntete delante de Dios y fortalécete en el Espíritu para seguir luchando.

La vida cristiana consiste en caminar cada día en la gracia que Cristo ya nos concedió. Aférrate a esa libertad, permanece en Él y confía en que Dios seguirá obrando en tu vida para transformarte.

¡Que Dios te ayude!

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