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Lo que estás viviendo no es casualidad

Algo dentro de ti está cambiando

Edward Andrés Díaz Reina

Desde el comienzo de la vida cristiana, el creyente es llamado a algo más que un cambio superficial: a una transformación interior. No se trata solo de creer, sino de ser conformados a la imagen de Cristo. Este proceso, aunque lleno de gracia, también implica lucha, disciplina y una obra constante de Dios en el corazón del hombre.

Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros (Gálatas 4:19).

“Hijitos míos” es una expresión profundamente cariñosa con la que el apóstol Pablo se dirige a los gálatas. En ella se refleja no solo su afecto, sino también la paciencia y el amor con que Dios trata a sus hijos, perseverando en ellos hasta que Cristo sea formado en cada creyente (Filipenses 1:6).

No es un proceso fácil, porque los hijos de Dios somos rebeldes y obstinados. Por eso Pablo lo describe como “dolores de parto”: una imagen intensa que comunica sufrimiento, esfuerzo y perseverancia. Sin embargo, este sufrimiento tiene un propósito glorioso.

El Señor disciplina al que ama y lo forma como un padre a su hijo (Hebreos 12:6), trabajando con paciencia hasta que cada uno muera así mismo, a esto se refiere cuando dice: “hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gálatas 4:19).

Morir a uno mismo es renunciar a la voluntad propia y someterla a Cristo. Es como el Señor dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9:23). Es un proceso progresivo, en el que, a través de pruebas y aflicciones, vamos dejando atrás lo que somos por naturaleza para reflejar cada vez más el carácter de Jesús (Romanos 8:29).

Así, lo que al principio parece doloroso termina siendo evidencia del amor de Dios obrando en nosotros. Cada lucha, cada corrección y cada prueba forman parte de ese propósito eterno: que Cristo sea visto en la vida del creyente. Y aunque el proceso duela, su resultado es glorioso, porque Dios no abandona la obra de sus manos, sino que la perfecciona hasta el día de Jesucristo (Filipenses 1:6).

Edward Andrés Díaz Reina
Comunicador Social y periodista
En Facebook: Edward Diaz
En Twitter: @edwar199
Blog: edwarddiaz199.wordpress.com
En Linkedin: https://co.linkedin.com/in/edward-andrés-díaz-reina-2858244a

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