PUBLICIDAD POLITICA PAGADA

Los años van pasando y con ellos llega la vejez.

“Debemos darles la oportunidad de contribuir de una manera que resulten útiles”

Por. José Álvaro Cardozo Salas.

En el 2021 nos reunimos en Cali 16 de los 40 alumnos del colegio San Luis, y al vernos y recordar las experiencias de jóvenes, los paseos, deportes, anécdotas entre risa y risa nos dimos cuenta que los años nos pasaron y como dice Piero el cantante argentino “La edad se nos vino encima, sin carnaval ni pancartas” y no es para menos, ya no tenemos que hacer fila en los bancos, nos ceden los puestos azules en los buses, y por qué no decirlo tiene sus ventajas, hoy quiero compartir algunas reflexiones, de esta edad que llaman los años dorados, y que inexorablemente vamos llegando uno a uno, quizás si darnos cuenta, pero llegamos.

Desde muy joven tome el habito que mi querida madre me enseño, visitar los enfermos y los viejos, todos los miércoles pasaba a saludar en la tarde a los hermanos Maristas en la casa del Templete, luego en la del Lido, y finalmente como un prodigio de Dios, llevaron la casa de los hermanos ancianos a Ibagué, pude acompañar a la gran mayoría de ellos que me enseñaron en mi niñez y juventud, así que una gran tarea para los que leen estas líneas, es la visita a los viejos.

Otro de los elementos que recuerda de cara al respeto de los adultos mayores es que envejecer no debería significar perder automáticamente la autonomía. Muchos de los mayores todavía se enorgullecen de tomar sus propias decisiones y lo están haciendo bien. Debemos ofrecerles apoyo, pero dejarles que lideren siempre que sea posible. Los expertos nos dicen que, en lugar de decir: “No deberías hacer eso”, deberíamos preguntar: “¿Cómo puedo ayudarte a seguir haciendo lo que te gusta de forma segura?”.

Quizás uno de los puntos a trabajar con los mayores es la importancia de compartir la fe con ellos, desde ir a misa juntos a rezar el rosario o hablar del impacto que la fe tiene en sus vidas. Incluso sin practicar la fe surgen otras formas de honrarles como padres, como es ayudándoles a ir a misa, aunque uno ya no acuda. “Es conmovedor ver cuántos hijos adultos aún deciden apoyar la fe de sus padres, planificando su asistencia a la iglesia, escuchando sin juzgarlos cuando hablan de su fe o simplemente preguntándoles por qué están rezando. Ese es un tipo especial de amor sacrificado que significa muchísimo para un padre mayor con fe. También debemos mantener un corazón abierto a la posibilidad de transmitir la fe de nuestra familia a nuestros hijos aún si actualmente nos sentimos alejados de la Iglesia”. Entre las partes más difíciles de envejecer  que escuchamos con más frecuencia es la de que los padres sientan que ya no son necesarios. “Debemos darles la oportunidad de contribuir de una manera que resulten útiles”. ¿Conocen alguna receta especial que puedan enseñar a sus nietos? ¿Pueden preparar algo especial para la primera comunión de uno de ellos? Conozco a un profesor de lingüística jubilado que todavía usa su experiencia como lector en nuestra parroquia. Un sentido del propósito, deber o utilidad, puede mantener a nuestros padres mayores sanos y felices, ¡además de que son una fuente inagotable de conocimiento!”.

Hace un tiempo un amigo me conto que su papa había enviudado, como era hijo único decidió llevárselo a vivir a su casa, con su esposa y dos preciosas hijas, con el tiempo el papa empezó hacer cosas que a su esposa e hijas no les gustaba, más de temas de des aseo, dejar ropa sucia por cualquier parte, al final convencen a mi amigo que lleve a su papa a un hogar geriátrico, pasaron semanas y él no se atrevía decirle a su viejo la triste noticia. Al fin se decidió hacerlo en la casa de recreo de la familia a las afueras de la ciudad, una casita que pertenecía a la familia desde comienzos de siglo, al llegar a la casa el hijo le dice a su papa que quería hablar con él en privado, salen al jardín donde hay una gran piedra que sirve para sentarse a contemplar los atardeceres, y es allí donde se anima a decirle a su viejo que la esposa y las hijas y  no soportan ciertas actitudes de él, y que se ha tomado la decisión de llevarlo a un geriátrico. El papa de mi amigo empezó a llorar, y el hijo le dice, “No llores, no me hagas esto” es una decisión por el bien de todos. No mijo, no lloro por eso, yo entiendo a tu esposa y las niñas, y a ti; lo que ocurre es que aquí en esta misma piedra, hace 50 años le estaba diciendo esto mismo a mi padre, quien acepto sin reclamar y poco tiempo después murió de tristeza, y hoy tú me dices lo mismo, ya ves cómo es la vida ahora me tocó a mí.

El hijo lo abraza tiernamente y los dos empiezan a llorar amargamente, mi viejo, no te vas para ninguna parte, hablemos con estas mujeres y lleguemos a un acuerdo. Esto me conmovió, y a ustedes creo que también, así que asumamos estos años dorados, con la esperanza y la certeza que es una edad bella y tierna de la vida.  

Comparte esta noticia:

PUBLICIDAD POLITICA PAGADA