La lucha invisible entre tus deseos, tus decisiones y la dirección de Dios
Edward Andrés Díaz Reina
Quien ha sido vivificado por el Espíritu Santo está llamado a reflejar a Cristo en sus pensamientos, palabras y acciones. Por eso, Pablo nos recuerda que la obra del Espíritu debe evidenciarse en nuestra manera de vivir.
“Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gálatas 5:25).
En este punto, el apóstol Pablo ha exhortado a los gálatas a renunciar a los deseos de la carne y a vivir conforme al Espíritu.
Ahora, al ir concluyendo su mensaje, les dice: “Si vivimos por el Espíritu”; es decir, si creemos en Cristo como nuestro Señor y Salvador, y tenemos vida eterna en Él por medio del Espíritu, entonces debemos caminar también por el Espíritu.
Caminar por el Espíritu significa seguir la guía de Dios en cada aspecto de nuestra vida. Es vivir conforme a lo que Dios ha establecido en Su Palabra, ajustando nuestra manera de hablar, proceder y pensar de acuerdo con las Escrituras.
Por eso, aquel que dice ser cristiano debe preguntarse con frecuencia cuál es la postura de las Escrituras frente a los temas trascendentales que atraviesan nuestra vida y nuestra sociedad.
Por esta razón, el cristiano actúa y piensa de manera diferente al impío; son como el agua y el aceite. El primero valora lo que dice la Biblia y, conforme a ella, forma su pensamiento. El segundo da mayor importancia a lo que otros hombres han establecido y, basándose en ello, construye su manera de pensar.
Por eso, mi estimado lector, si eres creyente y afirmas tener vida eterna, examina tu vida y pregúntate si realmente estás caminando por el Espíritu o si, por el contrario, tus pensamientos y acciones se asemejan a los de aquellos que viven apartados de Dios.
Edward Andrés Díaz Reina
Comunicador Social y periodista
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