Es un tiempo para cultivar la virtud de la esperanza.
Por. José Álvaro Cardozo Salas.
Hoy domingo 30 de noviembre empezamos el adviento anhelado en nuestra iglesia en la vida de fe, y este es un año bien convulsionado y a la vez bendecido, acercarnos al misterio del nacimiento del mismo Jesús y darnos el tiempo necesario para prepararnos; es toda una gracia de Dios. Aquí mismo les invito a que de alguna manera nos dispongamos a esta etapa de la vida espiritual, a vivirla con la intensidad que lo amerita, pero ¿Qué se requiere para lograr el objetivo? ver renacer el amor eucarístico en cada uno de nuestros corazones, así de sencillo.
Vivir el Adviento en familia no se trata de añadir más tareas a una lista ya interminable, sino de restar ruido y sumar silencio. Es un tiempo para cultivar la virtud de la esperanza. ¿Qué esperamos realmente esta Navidad? ¿Un regalo material, unas vacaciones, o la llegada de Aquél que da sentido a toda nuestra existencia? La familia es el “santuario” donde esta esperanza debe germinar. Alrededor de la Corona de Adviento, con la luz de cada vela que se enciende semanalmente, tenemos la oportunidad de recordarnos mutuamente que la luz de Cristo disipa las tinieblas de nuestras vidas. Es el momento de hablar con nuestros hijos sobre la paz que el mundo no puede dar, la alegría que no depende de las circunstancias y el amor incondicional de Dios.
La Sencillez de la Espera Activa. El Adviento es tiempo de espera, pero no de espera pasiva. Es una espera activa, que se manifiesta en gestos concretos de amor y servicio. Menos estrés, más presencia: El mejor regalo que podemos dar a nuestros hijos no está envuelto en papel brillante, sino en nuestro tiempo y atención plena. Una tarde de juegos, una conversación profunda o una oración compartida valen más que cualquier juguete de moda. De la queja a la gratitud: Es la temporada ideal para enseñar a dar gracias por lo que tenemos, en lugar de centrarnos en lo que nos falta. Abrir las manos y el corazón: El Adviento nos llama a mirar más allá de nuestro hogar. ¿Hay un vecino solo, una familia necesitada, un anciano que espera una llamada? La caridad en familia es la mejor catequesis. El Pesebre como Brújula; Al ir preparando el pesebre, recordemos que estamos preparando el “pesebre” de nuestro propio hogar y de nuestro corazón. El pesebre vacío nos recuerda que hay espacio que debemos desocupar: el egoísmo, el rencor, la indiferencia. Es un llamado a la sencillez y la humildad que caracterizaron la escena de Belén.
No se si les conté que mi abuela materna Roquelia Diaz, era fiel al pesebre como el mismo San José, le tenía mística y una enorme logística para armar un pesebre en tres largas mesas del comedor, y una infinidad de adornos, guirnaldas, muñecos que representaban el Belén en su imaginacion, autodidacta ella, narraba historias de los reyes magos, que incluso no fallaban para el 6 de enero, nos hacia colocar los zapatos en orden estricto para depositar los regalos; que era algo de dinero envuelto en rollitos de papel periódico, la noche anterior nos acostaban a dormir temprano porque donde los reyes magos encontraran un niño despierto no dejaban el regalito, cuanto te quise abuela, gracias por sembrar todo ese amor al pesebre y a la navidad.
En conclusión: El Adviento vivido en familia es una guia que nos reorienta hacia lo esencial. Es la oportunidad de hacer de nuestro hogar una pequeña “Iglesia doméstica” donde se respire un aire diferente: un aire de recogimiento, de oración y de gozosa expectativa. No dejemos que la Navidad nos arrolle antes de tiempo. Hagamos del Adviento un camino consciente, paso a paso, de la mano de María y José, para que cuando llegue la Nochebuena, podamos decir con el corazón lleno: “Ven, Señor Jesús, te hemos esperado con amor y aquí está nuestro hogar listo para ti”.
Te doy unas claves para vivir el Adviento a plenitud en familia:
Tenemos que re descubrir la esperanza, la que perdimos en la vida; es necesario recuperarla de nuevo. Abrir el corazón al encuentro, es necesario para ir al otro, en especial al que hemos ofendido con nuestras actitudes. Practicar la paciencia y la perseverancia, de esto si que nos falta a todos, somo demasiado impacientes, recordemos el dicho que “el que persevera alcanza”. Vivir el perdón y la reconciliación, está es la más importante, no basta perdonar y olvidar; es necesario reconciliarnos con el que nos ofendió y con nosotros mismos. Aprovechar el tiempo del jubileo, esta es una época que nos se da todos los días, cada 25 años se celebra un jubileo y estamos en el año de ganar las indulgencias que ofrece la santa madre iglesia para la salvación de nuestras almas. Orar escuchar y actuar con caridad, es necesario practicar la caridad, y esta empieza con la escucha, este mundo que grita la injusticia, que nadie quiere escuchar y que es tan necesaria para poder expresar lo que sentimos, lo que vivimos. Servir a los demás, sin el servicio estamos condenados al egoísmo, en un mundo poco solidario y necesitado de manos que trabajen para el reino. Ser solidarios, somos muchos los necesitados de afecto, de cercanía, de tanta necesidad física y espiritual y finalmente compartir la alegría, esa que nos trae la buena nueva de la navidad, esa que nos lleva de rodillas a la cueva de Belén en el pesebre, ese pesebre que cada uno de nosotros debe llevar en su corazón, esa es la navidad, para eso es el adviento, los invito a todos a vivir una navidad aferrada a la tradición, a amar sin limites y perdonar con sinceridad, ese es el objetivo de nuestra vida, ser santos y llegar al cielo.