“Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mi aun después de muerto vivirá”.
Por. José Álvaro Cardozo Salas.
Escribo esta columna con una fuerte dosis de nostalgia y melancolía, lo que los brasileros llaman “Saudade”, y este escrito va dedicado a los amigos, a los que viven y a los que se fueron, que dejan no solo un gran vacío en el alma, sino un anhelo de tenerlos cerca de nuevo. Me aproximo a ver los sentimientos de Jesús con un hecho particularmente humano, no olvidemos que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre, y no fue ajeno a la muerte cercana como la de su padre San José y en este caso que me refiriere a la de su amigo Lázaro. La muerte es algo que nos toca a todos sin excepción, ni credo, ni cultura, Dios que es principio y fin, nos limitó la vida de esa forma, bendito él que quiere que experimentemos ese momento crucial de la vida. El evangelista Juan nos recrea el texto de la resurrección de Lázaro en el capítulo 11, versículo 32 y me llama la atención los diálogos entre él y Marta la hermana de Lázaro, quien lo busca para darle la noticia cuatro días después, la reacción que me cautiva va en verbos, primero “Conmover” Dios se conmueve de nosotros, siente pesar, consideración, y hace suyo el dolor complejo, conmover es dejarse ver en los demás como un cristo que está pendiente de nosotros hasta en el más mínimo de los detalles, esos que no imaginamos siquiera, esos que nos sorprende y que todos alguna vez hemos sentido y vivido, y que al mirar al cielo podemos expresar “Fuiste tú” esa conmoción me estremece y me hace más cercano a Dios que quiso que su hijo viviera ese sentimiento.
Segundo verbo “Llorar” “Jesús se puso a llorar” este sentimiento que brota de los ojos y del alma, de lo profundo del corazón, que muy sabiamente describe santa Catalina de Siena ella dedica un capítulo entero al Don de las lágrimas, las lágrimas son un don o regalo que Dios da a ciertas almas privilegiadas, como Padre Pio de pieltrechina, al Santo Cura de Ars, a San José, y a mi hermosa esposa, que cada vez que comulga no puede contenerse en llanto, hay distintas clases de llanto, pero llorar de amor es un privilegio.
Tercer verbo, Amar, “Miren cuanto lo amaba” así es Jesús lloró la muerte de su amigo, hoy lloro la muerte de varios de ellos que se han ido este año, y es que amar es una decisión que nos lleva al dolor, Santa Teresa de Calcuta, decía que mientras más doliera al ser amado, es mejor, cuanta exigencia tiene amar, perdonar, olvidar, ser fieles, comprometidos, incondicionales, creer, esperar, servir, todo esto es amar, pero hay una perla, “amar al enemigo”, eso sí es pa’ machos, para valientes, es el culmen del amor y de esto hay muchas almas que han logrado salvarse, al perdonar sin medida, y fuera de eso amar hasta que duela. Cuarto verbo oír, “Padre gracias por oír, tu siempre me oyes” esta sociedad se está consumiendo en el ruido, ya no hay con quien hablar, y mucho menos escuchar, pero en la oración Dios siempre nos escucha está atento a nuestras solicitudes, a nuestras necesidades, siempre está ahí para amarnos y permite concedernos lo que a su criterio está bien para nosotros, escuchar es disponernos, escuchar es guardar silencio sin juzgar, sin comentar, es solo contemplar con los oídos las necesidades de los hermanos, cuando somos escuchados somos valorados, debemos recuperar la escucha, sin palabras en silencio absoluto, guardando en nuestro interior lo que se nos cuenta, escuchar es sepultar lo hablado, y orar con profundidad, por lo que se nos confía.
Hace dos semanas murió en Miami mi gran amigo Ante Kjuce, se habían fijado en el titular de este artículo dice “Un Ante y un después” no es que me haya comido la “S” es que este articulo va por ti Ante, él nació en Panamá, hijo de un Croata allá mismo donde hace más de 25 años nuestra señora se aparece en Medjugorge, Ante fue mi amigo , confidente, enamorado de la virgen, gran servidor de su parroquia, excelente esposo y padre, me lo presento una escritora Brasilera llamada Biba Arruda quien en su libro “María esa mujer vestida de sol” relata como ella vive su dimensión de esposa y madre al cuidado de su familia; como lo hizo la virgen con su esposo José y su hijo Jesús, lloro la muerte de Ante, como Jesús lloró la de su amigo Lázaro, y también le doy gracias al Padre Celestial que escuchó mis oraciones por su alma, seguramente está disfrutando de su presencia y compañía, poco a poco vamos pasando por este valle de lágrimas; seguros que nos vamos para el cielo. ¿A propósito ya estás trabajando en la santidad? Es necesario ir al cielo, no basta ser buenas personas, es necesario ser santos.