Una mirada al poder de la literatura para unir voces, compartir experiencias y sembrar esperanza a través de la palabra.
Wendy Nagely Camacho Prada
La palabra vive y permanece cuando el corazón palpita en torno a sentimientos recíprocos. Así experimentamos el VI Encuentro Nacional de Escritoras liderado por ADESARCUS (Asociación para el desarrollo social del arte y la cultura siglo XXI). Se llevó a cabo el pasado 11 de julio en el salón Tolima Siete Días en la Gobernación del Tolima.
El amor y la pasión por la literatura y la escritura unieron a escritoras de distintos municipios de Colombia como Cunday, Coyaima, Pereira, Colombia (Huila), Líbano, Dosquebradas, Rovira, Neiva e Ibagué.
Es admirable el empeño y el trabajo por perseverar en encuentros que permiten preservar y fortalecer la literatura, la cultura y un campo tan espiritual y metafísico como la creación literaria. Conocer y compartir experiencias, dialogar alrededor de vivencias que los asistentes transmiten desde la sensibilidad humana, ha representado una impronta para explorar de forma reflexiva y activa por medio de la escucha asertiva y la palabra, vehículos con potencial para hacer de este mundo uno más humano.
¿Cómo retener las lágrimas si la palabra viaja desde el corazón, fuente del amor?
Un encuentro cargado de emotividad y gran empatía condujo a que las lágrimas departieran con la palabra y las historias que preguntaron con la mirada fija en el alma: ¿qué hacer en esta vida que en tantas oportunidades no se valora, por las fugacidades y turbulencias que afrontamos desde nuestros adentros?
Los testimonios dan cuenta del gran valor que posee la vida. Seres humanos que han vivido con discapacidad visual, autismo, síndrome de Down; ellos han sido inmortalizados a través de los libros compartidos durante el espacio que habitamos y que nos habitó dejando huellas indelebles en el alma.
La concientización sobre el cuidado del planeta también hizo presencia en poemas, cuentos y narraciones de diversa índole, destacando que en un futuro cercano, la riqueza natural que disfrutamos y quizás no notamos, se habrá agotado o se hallará en el angustiante panorama de las vías de extinción. Recordar que los humanos y el planeta Tierra corresponden a una familia y que la palabra es una red para tejer lazos de hermandad; su poder transformador es un hecho trascendental que nos hace vibrar en clave de esperanza.
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