“Un corazón humillado y arrepentido tu no lo desprecias señor”
Por. José Álvaro Cardozo Salas.
mpezamos un nuevo año y con él toda clase de propósitos, de todos los aspectos, físicos, mentales, económicos, espirituales, todos bien intencionados y con ganas de cumplirlos, creo que el aire de estas intenciones nos dura un par de semanas y de repente nos damos cuenta que seguimos en lo mismo. Y es que un propósito se debe planificar, crear, buscar la forma de liderar de monitorear, no bastan las buenas intenciones; esas son lisonjeras, y me refiero a lo que verdaderamente vale la pena, es la vida espiritual, los buenos propósitos deben llevar siembre el VB de Dios, de lo contrario se fracasa en lo que se empeña, porque al fin y al cabo él es el dueño de nuestra vida y de todo lo que nos proponemos, si somos conscientes que estamos frente a una guerra espiritual, y que el mundo está gobernado por el bien y por el mal, sino miren nuestra patria adolorida y molida por los avatares de los brujos, hechiceros chamanes que decidieron consagrar la patria al mismo demonio, en el actual gobierno.
No soy político, soy un hijo de Dios y puedo ver de manera espiritual que nos gobierna y como Dios endurece el corazón del presidente, me parece estar leyendo el libro del éxodo, como Moisés y Arón iban a hablar con el Faraón para que dejara en libertad a su pueblo, y como el Faraón se oponía después de ver las pruebas tan contundentes que Dios ponía en manos de Moisés y su hermano Arón.
Volvamos a lo importante, debemos desmarcarnos de nosotros mismos, dejar que todo gire en torno nuestro y permitir que Dios ocupe el lugar que le corresponde, en el hogar, en la empresa, en el trabajo, hasta en la diversión, le pido a Dios nos permita cumplir su voluntad, es necesario hacer los propósitos, pero contando con la divina voluntad, sin este pre requisito estamos condenados al fracaso, así como lo leen. Cuando emprendemos un dialogo con Dios para poner en consideración nuestros planes con alegría, con entusiasmo, con esperanza y con un interés lleno de expectación ante lo que él piensa de lo que le proponemos, ¿Qué me dirá? ¿Qué cosas nuevas aprenderé? Y es que no somos conscientes de todo lo que a diario nos da, se llegará el momento en que nos demos cuenta y comprenderemos que todo lo que nos ha dado es un don de su amor, Dios es infinitamente paciente y se mantiene a la espera de recibir nuestra comprensión, nuestra respuesta. Debemos declarar nuestra voluntad a servirle y caminar con él, ese primer deseo consiente de reconocer a Dios como mi creador y mi señor. Y entender que no somos fruto del azahar porque fuimos creados y por ende “Dependientes” y es ahí cuando comprendemos él nos creó por amor, y es el amor que perdura, que nos da la libertad, y es hacernos conscientes que somos amados infinitamente por Dios, y nos lo demuestra a cada instante; él es cariñoso y amoroso con sus hijos.
Cada uno de nosotros tiene un tiempo para alcanzar la madurez, algunos de nosotros no evolucionamos y nos quedamos en la infancia espiritual incluso hasta la muerte, y cuanto nos cuesta llegar a esa madurez y es necesario ser dóciles y dejarnos guiar por él para encontrar la verdadera felicidad, que no es más que estar en su presencia para adorarle eternamente.
Lo que persigue una vida con propósito es el bien personal y la salvación de las almas, pero como solos no estamos, esto nos afecta con las personas que vivimos y de qué manera, ya que influyen directamente en nuestras decisiones así estemos equivocados. ¿Entonces qué hacer? ¿Cómo lograr esta empatía, o sincronía con la voluntad divina? Pues lo primero diría yo, es considerarnos pequeños y pecadores, débiles e inconstantes, San Agustín sabiamente decía “Mi mayor pecado, es creerme que no soy pecador” entonces Dios toma esa miseria, esa debilidad, y nos hace fuertes y santos, eso le atrae más que un alma sabia y fuerte. Dios ama nuestra debilidad porque sobre ella edifica su gloria, lo ha demostrado cientos de veces, “un corazón humillado y arrepentido tu no lo desprecias señor” (Salmo 51, 17) Nos corresponde entonces mostrar siempre mucho agradecimiento por el don del amor, revelado en Jesucristo, en su palabra ofrecida a nosotros y por nosotros, donde no caben ni el miedo, ni el odio, ni la venganza, ni la soberbia. Así que juiciosos hacer nuestro propósito en este nuevo año, -aunque sea uno- que no es más que la certeza de vivir el evangelio en la plenitud que el mismo Dios desea que vivamos la vida eterna, no es difícil, y debemos trabajar en esto en el día a día. ¡Feliz Año nuevo ¡