PUBLICIDAD POLITICA PAGADA

Y llamarás su nombre Jesús.

El cumplimiento del plan eterno de Dios para salvar a su pueblo

Edward Andrés Díaz Reina
 “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.”(Mate 1:21)

Este pasaje nos presenta el anuncio del nacimiento de la persona más importante de la historia: el Hijo del Dios viviente. No se trata simplemente del relato de un nacimiento extraordinario, sino de la revelación del plan eterno de Dios para la salvación de su pueblo, manifestado en la encarnación de Jesucristo.

En este contexto, José, esposo de María y padre adoptivo de Jesús, atraviesa un momento profundamente difícil y doloroso que lo enfrenta a una decisión crucial. Acaba de enterarse de que su prometida está embarazada de un hijo que no es suyo. Su corazón se encuentra devastado por lo que aparenta ser una traición, y su mente confundida por la gravedad de la situación y las consecuencias que esta conlleva.

La ley de Moisés, que es la ley de Dios, establecía que el adulterio debía ser castigado con la muerte (Deuteronomio 22:23–24). José, conforme a esta ley, podía denunciar a María para que las autoridades del pueblo la condenaran a morir lapidada. Esa era la decisión que este hombre herido debía tomar. Sin embargo, como era justo y bueno (Mateo 1:19), y sin duda porque la amaba, decidió no exponerla públicamente y resolvió dejarla en secreto, preservando así su vida.

Pero Dios intervino y cambió por completo el rumbo de esta historia. Un ángel del cielo se le apareció a José en sueños y le declaró que el niño que María esperaba era el Mesías prometido por los profetas (Isaías 7:14), aquel que sería llamado Emanuel, “Dios con nosotros”.

El dolor y la tristeza del corazón de José debieron transformarse entonces en gozo y asombro, al comprender que había sido escogido para ser el padre adoptivo de la Luz del mundo, de Aquel enviado por Dios para salvar a su pueblo de sus pecados.

Jesús, el Dios hecho hombre, vino al mundo para traer salvación a su pueblo, no a todos los hombres de manera indiscriminada, sino únicamente a aquellos que tienen el privilegio de ser llamados suyos (Mateo 1:21; Juan 10:11, 14–15, 26–27; Hechos 20:28; Efesios 5:25; Romanos 8:32–34).

¿De qué nos salvó? Para ser más específicos, nos salvó de sufrir los embates de la justa ira de Dios a causa de nuestro pecado. Todos los hombres, desde la caída de Adán en Génesis 3, somos pecadores y estamos destituidos de la gloria de Dios, lo cual nos condena a pasar la eternidad bajo el juicio divino. Sin embargo, como nuestro Creador es un Dios bueno y amoroso, envió a su Hijo al mundo como sustituto, para que muriera cargando el peso de la ira de Dios en lugar de aquellos a quienes Él llama su pueblo, a fin de que fueran librados de la condenación y recibieran la vida eterna.

¿Quiénes son estos llamados su pueblo? Son los de la fe. Por tanto, mi estimado lector, si tu fe está puesta en Cristo, y solamente en Él, tu salvación es segura, porque el Hijo de Dios murió por ti.

Pero si tu fe está depositada en los santos, en los ángeles o en cualquier otro tipo de deidades, necesitas arrepentirte y volver tu mirada únicamente a Cristo.

¡Que Dios te ayude!

Edward Andrés Díaz Reina
Comunicador Social y periodista
En Facebook: Edward Diaz
En Twitter: @edwar199
Blog: edwarddiaz199.wordpress.com
En Linkedin: https://co.linkedin.com/in/edward-andrés-díaz-reina-2858244a

Comunicador Social y periodista
En Facebook: Edward Diaz
En Twitter: @edwar199
Blog: edwarddiaz199.wordpress.com
En Linkedin: https://co.linkedin.com/in/edward-andrés-díaz-reina-2858244a

Comparte esta noticia:

PUBLICIDAD POLITICA PAGADA