Compartir también es una forma de amar
Edward Andrés Díaz Reina
Hablar de dinero y de las necesidades de quienes enseñan el evangelio puede resultar incómodo. Sin embargo, la Biblia aborda este tema con claridad y nos muestra una manera concreta de expresar nuestro amor.
Pablo nos enseña que apoyar a quienes dedican su tiempo a enseñar la Palabra también es una forma de honrar a Dios.
“El que es enseñado en la Palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye” (Gálatas 6:6).
Es un tema difícil del que Pablo está hablando en este versículo. No porque sea complicado de entender, sino por la dureza del corazón.
En el contexto, el apóstol exhorta al amor y la misericordia. En este pasaje habla de una forma específica de demostrar el amor: “Hacer partícipe de toda cosa buena al que te instruye en el evangelio” (Gálatas 6:6).
¿Quién es el que te instruye? ¿Y qué significa hacerlo partícipe de toda cosa buena?
“El que te instruye” (Gálatas 6:6) es la persona que Dios está usando para enseñarte el evangelio. En las iglesias comúnmente se le llama pastor, anciano u obispo.
Pero no te quedes en el título. Piensa en aquella persona que, movida por el amor a Cristo y a ti, dedica tiempo a preparar las enseñanzas que te imparte para que seas instruido en la verdad.
Estudiar las Escrituras y preparar un mensaje requiere tiempo valioso que tu maestro podría emplear en su trabajo y, de esa manera, incrementar sus ingresos.
Por tanto sería una muestra de amor corresponder a la atención que él tiene contigo, proveyendo los bienes materiales que necesita para su sustento y el de su familia.
Imagino que esto que estás leyendo no te está gustando. Tal vez estés pensando: “¿Quién lo manda? Yo no le pido que me enseñe. Mejor que trabaje más duro y que no sea flojo”.
Si estás pensando eso, es necesario que examines tu corazón. La avaricia y el egoísmo pueden revelar que tu confianza no está puesta en Dios.
Cuando no somos generosos, olvidamos que es Dios quien nos sustenta y que él nos llama a compartir con generosidad lo que hemos recibido.
Mucho menos podemos decir que amamos a Cristo y su Palabra si nuestra actitud es de indiferencia hacia quienes dedican su vida a enseñarnos. Si realmente amamos al Señor, también debemos aprender a dar para su obra y para quienes sirven en ella.
Mi estimado lector, si ese es tu caso, que Dios te guíe al arrepentimiento.
Pero si no lo es y das con generosidad, que Dios te ayude a dar aún más, pues “más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35).
Edward Andrés Díaz Reina
Comunicador Social y periodista
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