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¿Y si todo lo que haces para agradar a Dios no sirve para salvarte?

Lo que realmente necesitas para estar en paz con Dios

Edward Andrés Díaz Reina

Vivimos en un mundo donde seguir la verdad de Dios puede tener un costo, especialmente cuando esa verdad contradice lo que muchos quieren escuchar.
Pablo nos recuerda que la verdadera paz y reconciliación con Dios no se obtienen por nuestros méritos, sino por la gracia de Jesucristo.

Al llegar al final de su carta, sus palabras nos desafían a decidir si viviremos buscando la aprobación del mundo o permaneciendo firmes en el evangelio.

«Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios. De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús. Hermanos, la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén».
Gálatas 6:16-18

El apóstol Pablo se está despidiendo de los gálatas. En su conclusión menciona verdades en las que vale la pena meditar.

La regla de la que habla es la de no dar relevancia a las obras, porque estas no tienen efecto salvífico, como lo menciona en el versículo anterior (Gálatas 6:15). Solo la obra regeneradora de Dios, por medio de la fe en Jesucristo, tiene el poder para librarnos de la ira venidera.

Solo quienes viven conforme a dicha regla, llamados el Israel de Dios, tienen paz y misericordia. La misericordia, la paz y la reconciliación con el Padre se logran únicamente por medio de la fe en Jesucristo, «porque Él es nuestra paz» (Efesios 2:14).

Habiendo disfrutado de dicha paz con el Creador, el apóstol Pablo consideraba sin valor todo lo que la vida le ofrecía, incluso los sufrimientos. Por eso soportó persecución, cárceles, azotes y maltratos que dejaron marcas en su cuerpo (2 Corintios 11:23-27).

Las marcas sufridas por causa de Jesucristo, evidencias de la persecución, eran también prueba de que predicaba el evangelio de la gracia y de la reconciliación con Dios por medio de Cristo.

No era un evangelio falso, como decían los judaizantes en Galacia y todos aquellos que predicaban la salvación por medio de las obras, a quienes ni los gálatas ni nosotros debemos prestar atención.

Quien enseñe la necesidad de las obras para alcanzar la salvación no predica el evangelio por el cual el apóstol soportó la persecución, junto con muchos otros hermanos durante el primer siglo.

En verdad, el evangelio de la paz, la misericordia y la reconciliación con Dios siempre ha sido perseguido. Quienes se mimeticen con la ideología de este mundo y no estén dispuestos a soportar la persecución no tendrán la paz y la misericordia de las que habla Pablo.

Pero quienes estén dispuestos a soportar el mal por defender la verdad de Dios pueden descansar en esta promesa: «La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén» (Gálatas 6:18).

Edward Andrés Díaz Reina
Comunicador Social y periodista
En Facebook: Edward Diaz
En Twitter: @edwar199
Blog: edwarddiaz199.wordpress.com
En Linkedin: https://co.linkedin.com/in/edward-andrés-díaz-reina-2858244a

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